Una oposición sin alma.

Hablar de partidos políticos y alma en la misma frase suena francamente extraño, lo admito. No encuentro, sin embargo, una mejor forma de contar que lo que hoy viven los partidos políticos de oposición es algo parecido a cuerpos deambulantes, que se mueven y parecen estar vivos, pero que no tienen nada por dentro.

Tan es así que su único argumento para votar por ellos es que no son el partido del presidente López Obrador. Se entiende que en una democracia normal, los partidos pueden reivindicar ese mensaje como bandera política pero en México, estos no son tiempos normales.

No lo son porque el desprestigio que carga la clase política es enorme; porque la mala imagen no los ha abandonado durante este gobierno, y por el contrario, cada día desde las mañaneras se recuerda a la población de qué tamaño fue la traición de los que estuvieron antes.

De tal forma que no basta con que el gobierno actual haga las cosas mal para que los electores corran en masa a abrazar a los de antes para pedirles perdón.

Lo que hace falta es mucho más que eso, empezando por un punto muy sencillo: que sean capaces de explicar qué significa votar por ellos en la siguiente elección, qué proyecto de país tienen en mente, qué es lo que ofrecen y cómo lo esperan cumplir. Que lo digan además desde la posición de quien ya tuvo más de una vez el poder, y en buena medida no lo hizo antes.

Y lo más importante, que le ofrezcan a los electores un relato creíble de lo que significa sumar su voto a un partido o coalición. ¿Cuál es la mística que representan? Porque hasta ahora, solo hay dos actores con una épica que apela al ciudadano, la de la Cuarta Transformación – irreal en los hechos pero con empaque que es capaz de emocionar a muchos todavía – y la del movimiento feminista, que hoy por hoy es el movimiento social más potente a nivel mundial, con lenguaje, símbolos, banderas, sentido de pertenencia, trascendencia e ilusión.

Si la oposición partidista en México quiere empezar a ganar de veras votos tiene que ir mucho más allá de spots bien producidos y de alianzas por lo demás extrañas para empezar a planear seriamente una idea que entusiasme, que genere esperanza más allá de la idea de voto de castigo a la actual administración.

Se entiende que quizá eso sea lo único que ofrezcan por ahora y para muchas personas será suficiente pues también se acumulan los agravios desde la llamada y fallida Cuarta Transformación, pero si esperan a un proyecto de largo plazo, la exigencia debe ser mucho mayor.