Las invencibles.

Las invencibles.

El Presidente López Obrador y sus partidos han pasado por encima de casi todas las voces que se la han opuesto. Ya fueran de la academia, la sociedad civil o los medios, han sido descalificadas y desestimadas una y otra vez, y hay que decirlo, casi siempre con alta efectividad.

Sin embargo hay un grupo con el que el actual gobierno no ha podido, y es el que forma el movimiento feminista. Entre otras razones ha sido así porque no ha podido descalificar sus causa al señalar a una persona o caso de corrupción que use como emblema para arrasar con todo; tampoco ha logrado que sus temas se diluyan a través de su desdén como ha ocurrido con otras causas; y fundamentalmente no ha podido con él porque la terca realidad se impone en un momento histórico para el movimiento que no solo está en pleno desarrollo en México sino en buena parte de mundo.

De ahí los tropiezos una y otra vez pues la lógica tradicional del gobierno en estos casos no funciona. Como ya ha visto con el caso de Félix Salgado, que el presidente hizo propio, y que le ha llevado a exhibir una vez más el machismo del Presidente y su rechazo a entender la nueva realidad.

La salida, al menos por ahora, de la candidatura de Salgado es una buena noticia que muestra el músculo de la protesta y ciertas señales de escucha en parte del círculo gubernamental; no obstante, asumir que eso será suficiente es no entender el tamaño de las demandas.

Primero, porque la demanda central no es electoral sino de justicia ante las múltiples acusaciones en contra de senador con licencia; segundo, porque el objetivo no era solo frenar esa aspiración sino poner fin a su protección, cosa que no ocurriría si Salgado, como algunos ya especulan, regresa con tranquilidad a cumplir cuatro años más desde su asiento en el Senado.

Veremos finalmente qué hace Morena, si anula definitivamente esa ruta o si era solo una simulación; si va más allá del control de daños para mostrar que toma en serio la exigencia de justicia y el fin del pacto patriarcal.

Si lo hiciera, Morena podría crecer aun más como fuerza política; sin embargo, mientras siga plegado a la incomprensión presidencial, seguirá siendo su gran dolor de cabeza pues a ese movimiento y sus demandas no habrá quién lo pare. Y eso, tarde o temprano, todas las fuerzas políticas lo tendrán que entender.