La pesadilla de Meade

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Lo peor que le puede pasar a una campaña es que huela a derrota y eso hoy le debe quitar el sueño a más de uno en el entorno de José Antonio Meade.

Tan solo en la última semana, una encuesta – la de B&L en El Universal – lo colocó con la mitad de la intención de voto que López Obrador (32 vs 16) y 10 puntos abajo de Ricardo Anaya (26 vs 16).

Después, sin mucho eco pero con un significado importante, el diario Impacto publicó en una columna la existencia de una encuesta elaborada por cabezas del sector privado que contaba básicamente la misma historia, y hoy, la edición para América del diario El País destaca en su nota principal: “El candidato del PRI se estanca en las presidenciales mexicanas”.

¿Por qué son tan tóxicas esas y otras notas y columnas en un tono similar? Porque mandan una señal al resto de los jugadores, indicando que esta contienda ya tienen a un primer eliminado y es el aspirante del PRI.

Sea cierto o no lo que apuntan esa encuesta o diversas columnas, el tema es clave porque en política basta con que algo sea percibido como verdadero o verosímil para que tenga efectos en la realidad.

¿Qué gobernador, por ejemplo, va a usar su capital político para apoyar a un candidato que cree que va a perder?, ¿qué dueño o dueña de un medio importante se casará con una campaña contra sus rivales si piensa que el PRI quedará en tercer lugar? Ninguno, porque tanto los poderes fácticos como los votantes quieren estar cerca de quien va a ganar, no de quien es visto como el que ya perdió.

Por eso los intentos por frenar la percepción del fracaso. Por eso el valor de la encuesta del Heraldo que lo coloca en segundo lugar y modera la caída hasta en las encuestas de encuestas; por eso la campaña de control de daños para descalificar el estudio de Buendía; por eso la necesidad de mostrar a Meade ayer como funcionario, con todo y casco en medio de una obra pública.

La peor pesadilla de Meade no es perder el 1 de julio sino que ya, desde antes de que arranquen formalmente las campañas, se le perciba como el primer gran derrotado. Porque si eso ocurre – como en toda profecía autocumplida – no habrá ya nada que puedan hacer para evitarlo.

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One comment

  1. En política uno es lo que aparenta y si bien es cierto que la campaña del canidatop priista ha sido un desastre, alarma más aún que los escándalos de Chihuahua empiecen a dinamitar toda la estructura de un partido con un candidato sin identidad partidista.

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