Adiós al Sr. Popote

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Cuando yo era niño los popotes eran un motivo de alegría, casi un juguete incluido en cada comida. Hoy, cada vez que alguien pide uno se convierte en un especie de criminal, un ecocida que está contribuyendo con su inconsciencia a la muerte de una tortuga o de cualquier otro animal que vive en el mar. ¿Cómo pasamos de una cosa a la otra?

Por el cambio cultural, esa dinámica por la cual lo que hoy es visto como normal, incluso como deseable, el día de mañana puede ser visto como inaceptable. Para algunos podría ser una cosa menor, no lo es, porque en este cambio pueden morir industrias enteras.

El fenómeno ya lo hemos visto antes, por ejemplo, con los circos. Espacios que eran vistos como increíbles formas de entretenimiento y que hoy sufren por sobrevivir, en buena medida por el cambio en nuestra relación con los animales, en especial con los perros – que hoy incluso gozan de spas, terapeutas y carriolas- y que han transformado la manera en que interactuamos con otras especies ya sean orcas, toros o elefantes.

Los resortes que mueven el cambio en los valores de la sociedad a veces son obvios, otros no tanto. Lo que está claro es que las creencias no están escritas en piedra y que su transformación bien puede ser el antecedente de cambios legales o de hábitos de consumo que terminen con un negocio que hasta hace poco no veía nubarrones en su horizonte.

En México hoy tenemos 63 empresas que ofrecen sus servicios en la Sección Amarilla (sí, todavía existe) bajo la categoría de “popotes”. Si yo trabajara en cualquiera de ellas estaría muy preocupado. Porque aunque quizá no se haya reflejado en sus ventas, la transformación ya está en marcha. Incluso en lugares como los restaurantes Toks o los Bisquets de Obregón han entendido que abanderar este tema puede ser rentable en términos de imagen y por eso en sus mesas te invitan a no pedirlos más.

Las lecciones para otras industrias – o incluso para otros actores que viven de vender plástico – son importantes. Primero, es necesario entender que tu negocio no solo depende de la calidad de tu producto, del precio de venta, la calidad de tus insumos o de lo que hagan tus competidores; en las ventas también pesan – y mucho – la visión de tus consumidores y lo que piensan de tu actividad.

En segundo lugar, las compañías hoy tienen que estar mucho más atentas a lo que pasa a su alrededor, a los debates que se generan, las causas que nacen o mueren, y en general en los cambios en los valores de quienes habrán de decidir si compran o no.

Como tercera tarea, las empresas tienen que reforzar los vínculos con sus consumidores, construir relaciones más fuertes que les permitan mantener el romance todo el tiempo posible. 
Y por último, es necesario que las organizaciones aprendan a ser más flexibles para poder adaptar sus procesos a los nuevos valores – como los que ya venden popotes de cartón y no de plástico – lo que implica serios desafíos en sus capacidades de equipo y humanas. El reto es mayor pero como muestra la realidad, mirar solo tus propios indicadores sin entender el contexto en el que vives es la mejor manera de amanecer un día con una crisis que puede ser mortal, como la que creo que enfrentará el Sr. Popote. 

Veremos qué pasa con ese sector, el tamaño y la velocidad del cambio. Por lo pronto, lo deseable es que al menos su probable caída sirva de lección para otros que tomen medidas desde ahora.

@MarioCampos
Publicado en El Economista
http://m.eleconomista.mx/columnas/columna-especial-empresas/2017/08/01/adios-sr-popote

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