¿Quién defiende al Sistema Nacional Anticorrupción?

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El Sistema Nacional Anticorrupción (SNA) es técnico, matapasiones y complejo… y al mismo tiempo es nuestra mayor oportunidad para cambiarle la cara a este país. Y por eso es que los recientes ataques que ha sufrido en algunos medios merecen nuestra atención.

La necesidad de fortalecer al Sistema ni siquiera tendría que explicarse pues no solo se trata del dinero desviado para adquirir propiedades dentro y fuera del país, sino lo que eso representa en pérdida de servicios de salud, seguridad pública o apoyo para los más pobres. 
De ahí la importancia de contar con un Sistema robusto, no solo en lo legal y en la calidad de sus integrantes sino en la necesidad de un respaldo social que lo haga suyo, que le exija y que lo acompañe.
El tema no es sencillo porque el sistema está conformado por muchos actores, desde los más fáciles de entender como la fiscalía anticorrupción, hasta los menos sexys como el Tribunal Federal de Justicia Administrativa pasando por áreas técnicas como la Auditoria Superior de la Federación o la Secretaría de la Función Pública. El modelo está hecho así porque la corrupción es compleja y por más que sea tentadora la idea de apostar por un salvador que atrape peces gordos, la experiencia muestra que solo con un enfoque integral es que se puede cambiar el juego.
El problema es que ese sistema no tiene quien dé la cara por él. A meses de la aprobación de la ley que le dio vida todavía no tenemos un o una fiscal anticorrupción que desde la PGR ponga la lupa en estos temas porque el Congreso ha estado demasiado ocupado como para nombrar a alguien. Tampoco tenemos a los 18 magistrados administrativos, y es conocido que hasta hace muy poco, ni siquiera tenía oficina el Secretario Técnico del SNA que tuvo que trabajar desde su casa ante la falta de recursos.
Digámoslo claro: la corrupción es el principal problema de México pero es la bendición de la clase política y por eso no piensa hacer nada para erradicarla. ¿O por qué deberían atarse de manos aquellos que han encontrado en la política una forma de enriquecimiento? Eso no va a pasar. No a menos que no tengan otra opción.
Por eso la necesidad de matar al SNA antes incluso de que empiece a operar. Primero a través de la falta de recursos; y después, por la vía de la descalificación. La clase política sabe que no puede mejorar su prestigio y por eso apuesta por acabar con el de los demás. Para que la población piense que todos son iguales, que todos son corruptos y que por tanto no haya nadie que los pueda señalar. 
El sistema no sabe cómo generar esperanza pero sí sabe cómo destruirla y eso es lo que estamos viendo. Al menos lo que se quiere intentar. Por eso es necesario respaldar a los integrantes del Comité de Participación Ciudadana que son la cabeza del Sistema y que está conformado por personas de amplia experiencia como Jacqueline Peschard, Mariclaire Acosta, Alfonso Hernández Vélez, José Octavio López Presa, y Luis Manuel Pérez de Acha. 
Porque ellos son los representantes ciudadanos en el Sistema. Porque son incómodos para los políticos. Porque las trayectorias cuentan. Y porque en buena medida de ellos, y de lo que hagamos con ellos, dependerá el éxito o el fracaso del Sistema Nacional Anticorrupción. 
(*) Este texto fue escrito antes de las seis renuncias de notables colaboradores a El Universal por su cobertura del SNA. 

@MarioCampos / fb.com/MarioCamposCortes

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