La Chapomanía exhibe a la prensa mexicana

La pregunta hace una semana en la prensa nacional era si lo que hizo Sean Penn era periodismo; hoy la pregunta es si es periodismo lo que hace la prensa nacional.

La duda nace al ver la cobertura que han hecho varios medios nacionales del caso. Como muestra, basta mirar la foto de portada del diario Milenio del pasado lunes, que mostraba un relicario que “presuntamente” estaba en manos de la actriz Kate del Castillo. La fotonota no decía nada más, ninguna prueba de que se tratara de la actriz, ningún distintivo. Se trató tan solo una filtración de alguna autoridad no revelada, convertida en imagen de primera plana.

El mismo diario, días después, sorprendió al mundo con otra muestra de periodismo: “Espinoza Paz usa las mismas camisas del Chapo Guzmán”. ¿Qué prueba eso? Que hay reporteros y editores dispuestos a fabricar una noticia donde no la hay con tal de ganar clicks.

¿Más ejemplos? Esta semana, el diario Reforma publicó que hay una investigación a la actriz Yolanda Andrade, quien tiene “familiares en Culiacán” que “podrían tener nexos económicos con el capo”. Por donde se vea la “nota” es un desastre. Primero, porque la base de la sospecha es el lugar de residencia, un lugar en el que viven, por cierto, cerca de 700 mil personas; segundo, porque apunta a hipotéticos familiares, no a la actriz; y tercero, porque no hay ninguna prueba de ningún delito.

Pero no conformes con eso, el diario también publica como prueba de la cercanía entre Yolanda Andrade y Kate del Castillo – convertida en personaje tóxico cuyas relaciones son de pronto todas sospechosas para la prensa –  que son cercanas “hasta el punto de compartir en redes sociales sus constantes encuentros” ¡Vaya revelación, la actriz tiene amigas que saben usar Twitter e Instagram!

Vamos ahora a El Universal, diario que en su cabeza principal habla de una “tequilera Kate-Chapo”. ¿Tiene pruebas el diario de esa asociación empresarial? Ninguna, y si las tiene, no las incluye en la nota. Todo es una especulación sobre los planes del capo para invertir en ese lugar. No obstante, la supuesta intención es convertida ya en un hecho por la gracia de un redactor.

Es evidente que en la última semana la prensa nacional ha estado lejos de vestirse de gloria. Por el contrario, se convertido en la caja de resonancia de filtraciones oficiales, en un espacio para construir una telenovela (mala) con notas sobre la impotencia sexual de un narco, y en un triste ejemplo de que el periodismo que se hace por profesionales no necesariamente es serio, con rigor, ni mejor que el que puede realizar cualquier otra persona.

Claro, no todos los medios han caído en estos errores y hay trabajos que merecen otra consideración, pero flaco favor hacemos a la prensa y al país, si nos volvemos autocomplacientes. La crítica es necesaria porque la prensa tiene un rol clave. Porque esos medios, sin duda influyentes, son los que deberían estar haciendo las preguntas adecuadas. Cuestionar, por ejemplo, qué pasó con la red de protección que le permitió al Chapo estar libre por tantos años; dar seguimiento a los acusados de permitir su fuga; indagar por el resto de la estructura del cártel, hasta ahora intacta.

Porque cuando se personaliza como se ha hecho aquí, cuando se habla de personas y no de estructuras, cuando se habla solo de villanos y héroes y no de todo lo que está involucrado, se pierde la labor del verdadero periodismo, y se presentan soluciones simplonas para problemas muy complejos.

Sean Penn admitió en una entrevista que fracasó con su texto pues buscaba generar un debate sobre la política de combate a las drogas. Habría que decirle a Sean que tristemente no es el único que no pudo hacer bien su trabajo. Y si no, que eche un vistazo a buena parte de la prensa nacional.