No, Presidente @EPN, no es para celebrar

Sí, la nueva caída del Chapo Guzmán es una buena noticia para México. Su captura es positiva y nadie debería cuestionarlo. Más allá de lo que diga su propaganda, Joaquín Guzmán es el responsable de la muerte de muchos mexicanos y es en una cárcel donde debe estar.
Pero más allá de eso no hay por qué estar eufóricos. Lo que ocurrió hoy no es una victoria, sino apenas una mala reparación de un terrible daño causado por su propio gobierno.
Porque aunque no se digan en voz alta, las consecuencias son irreparables. Prueba de ello son todas las voces, dentro y fuera del país, que piden la extradición del narcotraficante lo más pronto posible. Simplemente porque nadie cree que el gobierno mexicano sea capaz de retenerlo. Con la segunda fuga, se fue también la confianza en su administración.
¿Ese es el fortalecimiento de las instituciones del que habló por la tarde, Presidente? No nos equivoquemos,  la única autoridad que puede sentirse satisfecha esta noche es la Secretaría de Marina, que por segunda vez, hizo el trabajo que los civiles fueron incapaces de realizar.  Porque ellos lo detuvieron, no una, sino dos veces, ante la ineptitud de un sistema corrupto.
Y esa es la otra herida que deja esa fuga y recaptura. ¿Alguien piensa que el sistema penitenciario es hoy más seguro que antes de su huída?, ¿que hoy tenemos sistemas más confiables, mejores controles, mayor vigilancia?
Apuesto a que no es así, y no lo es, porque si con la primera fuga no detuvieron y desmantelaron a su estructura de protección que durante años lo mantuvo operando en las calles, en la segunda, tampoco hubo una investigación contundente que nos garantizara que no se permitiría la impunidad.
En su lugar apenas tenemos a algunos custodios detenidos, mandos medios suspendidos, y una clase política que como siempre no pagó costos por su incapacidad. Prueba de ello es que hoy, ahí estaba el Secretario de Gobernación en el mismo lugar que antes de la fuga.
No, Presidente Peña. Es comprensible que esté contento con la captura, pero no se equivoque, si la primera captura mereció todos los aplausos, ahora solo está reparando – y a medias – lo que su propio gobierno provocó. No hay nada que celebrar.