Soy fan de los memes, me parecen divertidos, una gran herramienta de desahogo y a veces hasta grandes piezas de crítica aguda. Pero últimamente tengo un problema. Cuando los memes, o las burlas o las frases ingeniosas son lo único que tenemos en el debate público, entonces me pregunto si estamos canalizando nuestro enojo por el camino correcto.
Lo dijo muy bien esta semana Magú en su cuenta de Twitter (www.twitter.com/MaguMonero): “Si por un momento dejamos la chacota y vemos el tamaño del problema, las cosas están para llorar, para llorar enserio”. El gran monero se refería a la fuga del Chapo pero bien pudo estar hablando de la casa blanca de Enrique Peña Nieto, de la casa que le vendió Higa con facilidades a Luis Videgaray, de la violencia en Tamaulipas o de cualquier otro de los problemas que hoy azotan al país.
Y que quede claro: el problema no es el humor, nunca lo será, sino confundir la ocurrencia con la acción política. Porque cuando es así, lo que parece ser una herramienta de burla al poder en realidad termina por convertirse en un gran aliado del mismo. Porque si con mentar madres creemos que ya hicimos algo por cambiar las cosas, entonces seguro nunca van a ser distintas.

El humor político tiene esa doble cara: es subversivo cuando exhibe al poder, pero también es útil a los gobernantes cuando sirve como válvula de escape. Y me temo que hoy estamos más clavados en ver quién hace el meme más rápido o la frase más ingeniosa, que en vez de ver cómo hacemos para molestar enserio a los que hoy nos están llevando por un rumbo que no queremos.

Comparto la reflexión como crítica y autocrítica, con un elemento adicional: no sólo hay chacota en México. En las últimas dos semanas han pasado cosas interesantes: Pedro Kumamoto – próximo diputado local independiente en Jalisco- publicó un código de ética que de aplicarse en todo el país incomodaría a muchos de los próximos legisladores; el Bronco ha probado que Persicope puede ser una herramienta para hacer más público lo público al transmitir sus reuniones de transición en Nuevo León, y Enrique Alfaro, futuro alcalde de Guadalajara, ha puesto la bancada de Movimiento Ciudadano como un aliado del Bronco para empujar temas comunes, algo que podría ser interesante si hacen eco de una auténtica agenda ciudadana que acote el poder de los partidos.

Se trata de acciones distintas al guión político que estamos acostumbrados a ver. ¿Qué alcance tendrán? No lo sé, pero son ideas que vale la pena seguir.

Así que vivan los memes, que viva la chacota, el humor negro, la risa con sabor amargo, pero también miremos a las otras formas de acción, sin duda menos divertidas pero quizá de mayor impacto para empezar a cambiar algunas cosas en el país.

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