¿Qué debería mostrar hoy Peña en el mensaje?

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1. Demostrar que sabe a quién le habla. Tanto en el lenguaje como en el contenido el Presidente tiene que mostrar que le habla a los ciudadanos, no a los otros políticos ni a los periodistas. Si piensa que su público son los que lo acompañan estaría cometiendo un error. Muchos de los que estarán hoy en Palacio Nacional son percibidos por los ciudadanos como parte (o incluso la causa) del problema, no como la solución.

2. Deberá ser breve y emotivo. Si al presidente no le importa lo que hoy diga, ¿por qué habría de importarnos a los ciudadanos? Eso se tiene que notar en la forma de presentar el discurso. Si no parece convencido de cada palabra no habrá manera de que sea recibido. Si lo hace y además es breve y contundente, será mucho mejor.

3. Ser empático. Si en el discurso se percibe ese optimismo oficial que dice que todo va bien, no va a conectar. Debe reconocer el malestar que existe en la sociedad en sus diversos sectores. Aceptar que han fallado como gobierno en general. Si descalifica, si vuelve a la idea de que hay una conspiración en su contra o si hace un gran elogio de sus reformas, no habrá manera de que sea escuchado. Es la oportunidad para Enrique Peña Nieto de decir que ha estado atento y ha entendido el mensaje de la sociedad.

4. Reconocer el malestar completo. El presidente debe dejar en claro que entiende cuál es la fuente del reclamo. Mostrar que sabe que es Ayotzinapa la causa pero también los Ayoztinapas pasados y futuros; es el enojo con los malos gobiernos, con la impunidad, con la clase política enriquecida y ajena a los ciudadanos. El enojo es por la justicia, sí en el campo de la seguridad pero también en el de la corrupción, el tráfico de influencias, el enriquecimiento (In)explicable. Si no toca de algún modo estos temas se quedará corto.

5. Reconocer a la ciudadanía. Lo que pase hoy – sea lo que sea que anuncie – es resultado de la presión social. Ayotzinapa fue espantoso pero no fue eso lo que nos trajo aquí sino la indignación, la protesta y la crítica. El Presidente debería reconocer que hay una sociedad activa y darle un estatus de interlocutor y no que parezca que todo es una espontánea y generosa iniciativa del gobierno.

6. Admitir que no será creíble. Parece absurdo salir a decir algo que se sabe que muchos no creerán, pero si no lo asume es que no tiene contacto con la realidad. El Presidente podría hoy anunciar las medidas más espectaculares y acertadas y ni así se las daríamos por buenas. Es lógico, hay razones fundadas para el escepticismo, primero porque el vocero está en crisis (algunos encuestadores dicen que la aprobación presidencial está a niveles de Zedillo en plena crisis económica), además es político y las propuestas las hemos escuchado ya demasiadas veces a lo largo de la historia. ¿Por qué creer que ahora sí es en serio?

7. Ser concreto. La ruta para revertir la falta de credibilidad son los hechos específicos. Las grandes frases como “combatir la impunidad”, “fortalecer el estado de derecho”, o “recuperar la confianza en las instituciones”, no dicen nada. El Presidente deberá ser claro en las acciones, los plazos y los responsables.

8. Anunciar acciones de corto plazo. Se entiende que muchos de los problemas se han desarrollado por años pero no hay tiempo ni condiciones para esperar hasta ver los resultados. Lo que se anuncie deberá aplicarse de inmediato. Si se habla de corrupción, debe haber detenidos pronto; si se habla de limpieza de policías, hay muchos candidatos a ser procesados; si se proponen blindar a la política del crimen no son pocos los que pueden ser castigados antes de que termine el año.

Sin medidas de largo plazo no habrá resultados duraderos ni de fondo pero son las medidas de corto plazo las que le ganan tiempo al gobierno.

9. Ser constante. Si la próxima semana el Presidente regresa al discurso de las reformas, nada habrá tenido sentido. Lo de hoy no elimina lo hecho antes pero sí debe ser un cambio claro en las prioridades y en la lógica del gobierno. El anuncio no puede ser una ocurrencia sino un nuevo planteamiento estratégico que marque la ruta para los próximos cuatro años de la administración.

10. Trabajar de la mano de las personas correctas. Todo lo anterior se puede hacer bien pero si los encargados de aplicar las políticas no son creíbles y no actúan en congruencia con lo que hoy se diga, nada funcionará.

Veremos qué plantea el Presidente a la 12. Es mucho lo que está en juego.Ya lo seguiremos comentando.

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