Sí, los mexicanos estamos enojados, muy enojados. Y hay muchas razones. Tan solo esta mañana (y no han dado ni las 10) leí que policías de Miguel Angel Mancera –  golpearon, torturaron y dejaron inconsciente en la calle a una persona que caminaba por el centro junto con su esposa embarazada. Todo ocurrió el pasado 20 de noviembre. Pude ser yo, mi esposa, mis alumnos, o cualquiera de los miles que estuvimos ese día a esas horas por ahí.

En cualquier país medianamente democrático ese caso debería costarle la cabeza, al menos, al Jefe de la Policía y debería abrirse una investigación en contra de los policías responsables que tendrían que ir a la cárcel.

También leí que a la empresa que le “vendió” la casa a Angelica Rivera, le dieron el contrato para la remodelación del hangar presidencial por 945 millones de pesos. Tan sólo para este año le darán – en adjudicación directa, sin licitar – 514 millones de pesos. La nota la pueden ver en el diario 24 horas.

Y así podría seguir: los detenidos que llevaron a penales de alta seguridad sin dejarlos hablar con su abogados, los diputados que se aprobaron 5 mil millones para obras de pavimentación de los que cobran una mordida, el dirigente vitalicio del SNTE de Nayarit que tiene con su familia 17 plazas, y que en 4 años se ha pagado 14 millones de pesos.

¿Y todavía hay quien me dice que por qué ando enojado?, ¿que por qué sale la gente a las calles?

El problema es que son tantos los casos que nacen cada día que nuestra indignación se diluye. Estamos enojados “en general”, casi en abstracto y la falta de presión permite que todas estas cosas sigan ocurriendo. Nadie paga nada por estos abusos. Si los actores políticos actúan con estrategia, los ciudadanos deberíamos hacer lo mismo.

Por eso mi propuesta es que ejercitemos nuestra capacidad de focalizar nuestra atención e indignación. En particular, yo no quiero quedarme de brazos cruzados mientras la policía de mi ciudad puede detener, torturar y abandonar a un ciudadano. Lo menos que espero es que el Jefe de Gobierno hable del tema, que ordene una investigación con la participación de expertos independientes, y que no se detenga la presión social hasta tener respuestas: responsables y consecuencias.

Eso no implica que lo demás no sea importante, todo lo es. Pero mientras no logremos costos concretos para los responsables, lo más probable es que todas estas situaciones sigan pasando frente a nosotros.

Por mi parte estaré tuiteando y compartiendo dentro y fuera de las redes el caso del DF. Hablaré del tema en los espacios de medios que pueda y pediré a mis contactos que presionen a Miguel Angel Mancera – en Facebook y en Twitter  – que es el responsable de esclarecer este abuso. Que aclare si fueron sus policías o federales pero que investigue porque en ello se define qué clase de gobierno es el suyo y en qué ciudad vivimos.

Más allá de si me acompañan en este tema – gracias a quienes se sumen – creo que vale la pena pensar en cómo puede la sociedad focalizar su enojo, para que no se disperse, para que no sea irrelevante, para que no se convierta en frustración.

Anuncios