Los bomberos pirómanos del Presidente

Es cierto lo que dice el presidente Peña Nieto. Hay actores que actúan en contra de su gobierno. El problema es que no están fuera de su círculo sino adentro. Es el caso de su esposa, Angelica Rivera, que ha cometido dos errores importantes. Primero, al difundir en la revista Hola detalles de la ahora conocida como la Casa Blanca, objeto de un gran escándalo nacional e internacional; y después, al salir a explicar el origen de la propiedad.

Como bien dijo Gaby Warkentin en Máspormás, la actriz no salió a explicar sino a regañar. Y el resultado fue un desastre. Según Reforma sólo un 20 por ciento le creyó y 66 por ciento considera que habló como actriz, no como Primera Dama.

El fuego amigo también ha nacido del procurador Murillo Karam, que quizá judicialmente ha hecho una gran investigación – como algunos insisten – pero en términos de comunicación ha jugado en contra por sus modos, el tono regañón y el célebre: #YaMeCansé.

Pero hay otros dos actores todavía más preocupantes. El primero, el que lo convenció de diagnosticar la actual crisis como un complot en su contra. Advertir de los desestabilizadores, así sin nombres concretos, sólo crispó más un ambiente enrarecido, que ha terminado por descomponerse luego de la inexplicable decisión de trasladar a penales de Veracruz y Nayarit a los detenidos el 20 de noviembre.

No porque los violentos no deban ser castigados, en eso todos estamos de acuerdo, sino en la forma tan torpe en que operaron, deteniendo a inocentes, violando procesos, acentuando los castigos como para inhibir futuras marchas.

El presidente debe revisar a quiénes tiene como bomberos, porque son los primeros – con intención o sin ella- que provocan la expansión del fuego.