No sirven para nada, no han logrado cambios, son los mismos de siempre, no tienen objetivos… esas son algunas de las cosas que he leído a propósito de las marchas de las últimas semanas y quizá en algunos puntos tengan algo de razón.

La experiencia mexicana con las marchas no es buena. Primero, porque al menos para los chilangos son algo demasiado familiar, casi hasta el hartazgo. Pero además, cuando se han logrado grandes concentraciones, como las marchas por la seguridad o por la paz, no se han visto soluciones. Así que para qué marchar.

Les cuento mis razones. En primer lugar, porque las marchas al primero que le sirven es al que marcha. Los que lo han hecho me habrán de entender. Cuando marchas alzas la voz, haces algo con eso que sientes o piensas. Le das forma, acción y en ese sentido empoderan. En especial cuando lo haces acompañado por cientos o miles de personas.

Marchar es también un acto social. Es reconocerte en la cara del otro y ver que aun siendo tan distintos, pueden tener algo en común. Eso es particularmente cierto en las recientes protestas. Yo nunca había visto caminar a “los de siempre” – entiéndanse organizaciones o sindicatos- junto a hombres y mujeres de clase media, religiosas, estudiantes, profesores, familias enteras.

Y eso es importante porque descubres que es posible compartir el mismo espacio por algo que te une más allá de un partido de futbol. ¿Que en estas movilizaciones cada quien trae consigo su demanda? Puede ser. Pero todos comparten un sentimiento: indignación. Y en ese sentido, las marchas sirven porque construyen puentes para ponerte aunque sea por un momento en los zapatos del otro.

Ver a los estudiantes de la UNAM y el Poli junto con los de la Ibero o el Itam puede sonar natural para muchos. Tristemente no lo es. Porque los prejuicios, de todos lados, separan. Prejuicios que se mueren cuando se miran, se reconocen y caminan juntos. No exagero. En el último mes he platicado con estudiantes de diversas universidades y en todos he percibido lo mismo.

Pero hay más. Marchar politiza. Y sí, eso es bueno. Porque te interesas más, porque te informas más, porque te involucras más. Alumnos míos me han contado cómo al llegar de la marcha ponen las noticias para ver que informan, qué dicen de lo que ellos vieron y vivieron. Y eso no ocurría hace mes y medio.

Por último, las marchas también sirven para los que no marchan. ¿Habrían respondido el presidente Peña Nieto y su esposa sobre sus propiedades sin las grandes movilizaciones? Tengo claro que el mérito periodístico es de Aristegui Noticias. Y que la que prensa, en especial la internacional, ha ejercido una enorme presión. Pero sin miles en las calles no estoy seguro que hubiera actuado igual el gobierno.

¿Hasta dónde llegará el movimiento social? No sé y ya será tema de otra reflexión. Pero hoy creo que miles han recuperado la confianza en sí mismos y creen que pueden influir sobre el destino del país. Y eso, en un México con tanta apatía y acostumbrados a no contar, es una magnífica noticia.

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