En defensa del #IceBucketChallenge

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Sí, ya sé que se desperdicia mucha agua, que muchos de los participantes no saben ni cuál es la causa y que ya aburre ver a tanta gente posar para la cámara, pero cuando un fenómeno se vuelve viral y adquiere estas dimensiones vale la pena detenerse unos momentos para pensar por qué tuvo ese alcance y qué lecciones deja para futuras campañas.

Porque ya sea que te dediques a la publicidad, el periodismo, la comunicación empresarial o cualquiera de estas variantes, es necesario rebasar nuestras opiniones personales para entender las variables detrás del éxito. Aquí comparto mi impresión a ver qué les parece. Para mi el #IceBucketChallenge funcionó porque:

1. Era divertido. Tanto la reacción de los participantes como la de los que lo veían, invitaba a verlo y compartirlo. La clave fue, entre otras, la inclusión de una especie de “sorpresa falsa” pues aunque el receptor del agua helada ya la esperaba, las reacciones no pueden ser planeadas. Y sin duda resulta atractivo ver a una celebridad perder el estilo.

2. Daba estatus. Hace poco me decía una persona en tono de broma: “¡si nadie te nominó al reto es que no eres nadie socialmente!” Por supuesto estaba exagerando pero lo cierto es que adquirió una señal de estatus el que una figura pública involucrara a otras. El pasar de mano en mano también ayudó a reforzar la campaña.

3. Formaba identidad. La actividad se convirtió en una manera de presentarse en sociedad. Está visto que en estos tiempos no sólo queremos ser buenas personas sino ser reconocidas como tales. Y qué mejor forma de mostrar tu “compromiso” que con un video compartible con el mundo. Y al hacerlo, además, se pagaba la inscripción para entrar a un club que tiene entre sus miembros a los fundadores de Microsoft y Facebook. Nada mal.

4. Era replicable. Sin duda un requisito de cualquier actividad que quiera volverse popular es que pueda ser reproducida sin muchas complicaciones. En este caso sólo hacía falta una cubeta con agua, alguien que la echara, otro que la recibiera, y una persona que tomara el video y que lo subiera a la red. (Aunque en realidad la misma persona podía encargarse de todo).

Claro que no hay fórmulas únicas que garanticen que un fenómeno así se repita (de ser así todo mundo haría campañas virales exitosas) pero creo que valdría la pena tomar en cuenta estos criterios la próxima vez que tratemos de lanzar una campaña que gane la atención de miles de personas.

¿O ustedes qué piensan?

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