Bienvenidos los nuevos partidos

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Los mexicanos tenemos una situación particular con nuestros partidos políticos que bien se puede resumir en un idea: los odiamos. Estamos convencidos que son unos mantenidos, un mal innecesario que con trabajos podemos tolerar. Y en no pocas ocasiones, estamos seguros de que aquellos escudos que están en las boletas electorales en cada contienda, en realidad no nos representan. Lo extraño es que cada vez que nace una nueva propuesta que pretende ser diferente a lo que ya existe, le aventamos los mismos o peores adjetivos.

Es el caso de las tres nuevas propuestas que avaló el IFE: el Movimiento de Regeneración Nacional, mejor conocido como MORENA, el Partido Encuentro Social (PES) y el Partido Humanista (PH). Se trata de tres fuerzas que quizá a muchos no les gusten pero que de entrada tuvivieron que reunir a miles de seguidores por todo el país para obtener su acta de nacimiento.

Para darnos una idea, el que menos afiliado tiene es el Humanista con 271 mil simpatizantes en distintos puntos del país; el PES logró 308 mil, y Morena, de Andrés Manuel López Obrador, se quedó a nada de los 500 mil simpatizantes (496 mil 729, para ser exactos), lo que implica que tiene 130 mil más afiliados que los que hoy tiene el Partido Acción Nacional, el PAN.

Por supuesto, estas cifras no quieren decir que estos partidos representen a millones de mexicanos ni que tengan la vida resuelta. El próximo año que se presenten a las urnas tendrán que hacerlo sin alianzas con otras fuerzas y deberán obtener al menos un 3 por ciento de la votación para seguir vivos, lo que constituye un umbral muy alto.

Pero hay que reconocerles que al menos en lo que hoy conocemos, estos partidos podrían ser actores interesantes que cambien la oferta electoral para el 2015. En el caso del PES, porque para muchos representa una opción cercana a las visiones más de la fe que de la política, lo que podría convertirle en la vía para que se expresen los sectores más conservadores de la sociedad. Algunos pensarían que para eso está el PAN, pero lo cierto es que ese partido desde hace muchos años vive una batalla entre dos visiones, la más tradicional y la liberal, que en los últimos años ha perdido terreno al menos en la percepción pública de ese partido.

En el caso del Humanista, algunos consideran que su futuro es el más incierto de los tres, pues apuesta por una tradición de pensamiento que ha sido “derrotada” electoralmente una y otra vez. Se trataría de la SocialDemocracia que buscó sobrevivir con Gilberto Rincón Gallardo o con Patricia Mercado, pero que no ha sido capaz de consolidar un nicho de votación a nivel nacional.

Y por supuesto, está el notable caso de Andrés Manuel López Obrador, el político más críticado pero también el más arropado por sus seguidores en México. Una vez más AMLO logró reinsertarse en el tablero ahora con su propio partido, lo que le podría garantizar – de pasar la aduana del próximo año – un lugar en la elección presidencial de 2018, algo que ningún otro político podría afirmar.

Se puede coincidir o no con López Obrador pero es claro que representa una corriente de la sociedad que no se identifica con los partidos mayoritarios, realidad que acentuó después del Pacto por México que logró sacar acuerdos con el precio de atenuar las diferencias ante los ojos de los electores.

Entiendo que el desprestigio de la política en México es muy alto y que su mal nombre ha sido ganado a pulso. Pero no podemos negar que las opciones que hoy tenemos no resultan satisfactorias para millones de mexicanos que cada elección expresan su malestar en forma de abstencionismo.

¿Podrán estas nuevas opciones hacer que la gente salga a votar?, ¿tendrán impacto en las propuestas y estrategias de los partidos tradicionales? Las respuestas las tendremos el próximo año, pero por lo pronto creo que antes de descalificar a los nuevos jugadores hay que darles la oportunidad de que muestren de qué están hechos y que rol quieren jugar en el tablero electoral.

Nos guste o no habrá una mayor oferta cuando lleguemos a las urnas el próximo año, y eso al menos a mi, me parece un signo de salud en una democracia que claramente no nos ha dejado satisfechos hasta ahora.

Artículo publicado originalmente en Frente.

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