Entrevista con Daniel Rodríguez Barrón

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Ganador del Premio Nacional de Periodismo 2009, Daniel Rodríguez Barrón habla de la importancia de la cultura en un momento en el que temas como la crisis económica o la inseguridad no dejan espacio para nada más. La conversación fue en el espacio de “Todos los Lunes”, dentro del noticiero de Antena Radio en el IMER.

Entrevista con Daniel Rodríguez

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  1. La cultura un respiro I
    Alfonso Reyes, quien este año cumple 120 años de haber nacido y que en algunos meses en diversos museos se instalaran diversas exposiciones recordando la grandeza de su intelecto y la magnificencia de su obra literaria solía decir que la cultura era un respiro, un respiro de las presiones laborales, un respiro para las dificultades sociales, políticas y económicas, un espacio lúdico y de formación, la cultura permite sociabilizarte y reconocerte en una sociedad que lugar guardas y entender el origen de tu presente.
    La cultura es un alivio, retroalimenta y fomenta valores cívicos de convivencia, tolerancia y respeto, uno puede diferir de las propuestas, pero no por ello cancela o censura la libertad de expresión y manifestación, cultura es un mirador en constante diálogo con las libertades y los derechos públicos y privados. México es una de las naciones que tienen el privilegio de contar con una gran riqueza y diversidad cultural, la cual representa poco más de 6% del PIB, estos números y la astringencia presupuestaria que enfrentan las actividades culturales públicas demandan como un imperativo la revisión, mejora y evaluación en la cual son diseñadas las políticas públicas enfocadas a la atención de la cultura, ello no solamente por razones meramente económicas, sino como parte del compromiso que guarda el Estado con la preservación y salvaguarda del catálogo cultural, en tanto éste es comprendido como el basamento en el cual descansan y se despliegan la identidad y la memoria nacionales.
    Hoy día, la administración y adecuada atención de eso que llamamos patrimonio cultural, comienza por el reconocimiento de la diversidad de bienes culturales, sean paleontológicos, arqueológicos, históricos, arquitectónicos, mobiliarios, inmobiliarios, de tal manera que cada uno de ellos requieren de una atención específica, lo cual, sino complejiza aún más las tareas relativas al capital cultural, si requieren de una atención diferenciada donde se hace necesario el conjunto de la sociedad a favor de la preservación de aquello que le permite preservar su memoria y dotarla de la evidencia que le permita afirmar su identidad y reconocimiento a aquello que lo determina y en cierta medida le explica lo que es.
    La gestión del patrimonio cultural se incorpora en las nuevas corrientes administrativas que han redimensionado el papel del gobierno en la atención y solución de los asuntos que alteran la vida de las comunidades, la gestión pública es aquella parte que busca incorporar la fuerza de la sociedad a favor de construir dinámicas y sinergias positivas donde los problemas trocan en materia prima para su propia resolución, es decir, más que objetos de atención, los problemas se vuelven actores estratégicos de su propio destino.

  2. La cultura un respiro I
    Alfonso Reyes, quien este año cumple 120 años de haber nacido y que en algunos meses en diversos museos se instalaran diversas exposiciones recordando la grandeza de su intelecto y la magnificencia de su obra literaria solía decir que la cultura era un respiro, un respiro de las presiones laborales, un respiro para las dificultades sociales, políticas y económicas, un espacio lúdico y de formación, la cultura permite sociabilizarte y reconocerte en una sociedad que lugar guardas y entender el origen de tu presente.
    La cultura es un alivio, retroalimenta y fomenta valores cívicos de convivencia, tolerancia y respeto, uno puede diferir de las propuestas, pero no por ello cancela o censura la libertad de expresión y manifestación, cultura es un mirador en constante diálogo con las libertades y los derechos públicos y privados. México es una de las naciones que tienen el privilegio de contar con una gran riqueza y diversidad cultural, la cual representa poco más de 6% del PIB, estos números y la astringencia presupuestaria que enfrentan las actividades culturales públicas demandan como un imperativo la revisión, mejora y evaluación en la cual son diseñadas las políticas públicas enfocadas a la atención de la cultura, ello no solamente por razones meramente económicas, sino como parte del compromiso que guarda el Estado con la preservación y salvaguarda del catálogo cultural, en tanto éste es comprendido como el basamento en el cual descansan y se despliegan la identidad y la memoria nacionales.
    Hoy día, la administración y adecuada atención de eso que llamamos patrimonio cultural, comienza por el reconocimiento de la diversidad de bienes culturales, sean paleontológicos, arqueológicos, históricos, arquitectónicos, mobiliarios, inmobiliarios, de tal manera que cada uno de ellos requieren de una atención específica, lo cual, sino complejiza aún más las tareas relativas al capital cultural, si requieren de una atención diferenciada donde se hace necesario el conjunto de la sociedad a favor de la preservación de aquello que le permite preservar su memoria y dotarla de la evidencia que le permita afirmar su identidad y reconocimiento a aquello que lo determina y en cierta medida le explica lo que es.
    La gestión del patrimonio cultural se incorpora en las nuevas corrientes administrativas que han redimensionado el papel del gobierno en la atención y solución de los asuntos que alteran la vida de las comunidades, la gestión pública es aquella parte que busca incorporar la fuerza de la sociedad a favor de construir dinámicas y sinergias positivas donde los problemas trocan en materia prima para su propia resolución, es decir, más que objetos de atención, los problemas se vuelven actores estratégicos de su propio destino.

  3. La cultura un respiro II

    En el caso que nos ocupa, la cultura, las nuevas corrientes administrativas buscan que el patrimonio cultural deje de ser un recursos pasivo, para dar paso a ser un bien cultural capaz de detonar los apoyos y esfuerzos necesarios para que por sí mismo pueda proveer los recursos necesarios para su preservación.
    La gestión cultural como se ha mencionado con anterioridad comprende no sólo un giro que pretende otorgar mayor movilidad y acción a todos y cada uno de los recursos, siempre precarios, en la atención de los problemas que no son comunes; sin embargo, a pesar de que el giro que otorga desde la gestión pública la conceptualización de los problemas y como todos los elementos inmersos en su atención adquieren una connotación activa y, no sólo pasiva, en su propósito por atender y dar solución a la problemática que se enfrenta, gestionar implica la ordenada administración de recursos y la organización de los elementos necesarios para poder articular y sistematizar en un conjunto de acciones y procesos la consecución de objetivos.
    En este orden de ideas, vale la pena asentar que esta modernización administrativa y búsqueda de mayor calidad en la gestión de los asuntos públicos, la cultura no ha estado exenta de ello, por el contrario dadas las particularidades que guarda un tema de alta sensibilidad como éste, ha demandado que la gestión del patrimonio cultural incorpore múltiples visiones disciplinarias donde se alienta la discusión sobre la atención de los asuntos referentes a la problemática que enfrenta el patrimonio cultural sea este paleontológico, arqueológico, arquitectónico, inmaterial o cualquiera que sea los rubros en los cuales se ha clasificado dicho capital. Ello no concluye que los especialistas en dicho patrimonio sean desplazados, por el contrario sus ejes de acción y directrices se mantendrán, pero la discusión de su pertinencia entre profesionistas de distintos rubros permiten no sólo la observación de factores que muchas veces la especialización de una disciplina impide ver y que es considerable ponderar dichas sugerencias a favor de proyectos que cuenten con una solidez, blindaje lo llaman algunos, donde la atención del problema sea integral, es decir se procure que dicha atención detone la aparición de aristas que permitan que la intervención de los bienes culturales se vea como parte de un complejo sistema, donde todos los elementos que lo constituyen aseguran la preservación del bien cultural y reditúe en beneficios sociales, es decir, ya no se trata sólo de atender en específico un basamento, una techumbre, el levantar una barda o el restituir a su condición y características originales un bien mobiliario.
    Por el contrario, los procesos de intervención que se emprenden hoy día además de asegurar la integridad y particularidades físicas de los bienes culturales, estos a su vez sean detonantes de acciones que sin tener que ver directamente con el ámbito cultural permitan que se aprecie el entorno en el cual se encuentran ubicados y con ello se promuevan acciones que mejoren o alivien las condiciones sociales, sobretodo, que los rodean.
    Las transformaciones que se han emprendido en los modelos de atención y administración de los recursos orientados a las políticas culturales responden a líneas de pensamiento mundiales, donde con tino se ha definido que los bienes culturales de los estados, pueden y deben integrarse en estrategias de desarrollo económico y social, ya que su atención y divulgación se incorporan en dinámicas y sinergias virtuosas, como se mencionó con anterioridad la óptica de la gestión pública reclama que la atención específica de la problemática cultural se comprenda dentro de una perspectiva mayor donde los entornos sociales y económicos se ven directamente afectados o beneficiados por el catálogo de acciones, este ha sido el pensamiento que ha nutrido en los últimos años los documentos y lineamientos de la UNESCO y la Organización de Estados Iberoamericanos, en materia de la atención y salvaguarda del patrimonio cultural.

  4. La cultura un respiro II

    En el caso que nos ocupa, la cultura, las nuevas corrientes administrativas buscan que el patrimonio cultural deje de ser un recursos pasivo, para dar paso a ser un bien cultural capaz de detonar los apoyos y esfuerzos necesarios para que por sí mismo pueda proveer los recursos necesarios para su preservación.
    La gestión cultural como se ha mencionado con anterioridad comprende no sólo un giro que pretende otorgar mayor movilidad y acción a todos y cada uno de los recursos, siempre precarios, en la atención de los problemas que no son comunes; sin embargo, a pesar de que el giro que otorga desde la gestión pública la conceptualización de los problemas y como todos los elementos inmersos en su atención adquieren una connotación activa y, no sólo pasiva, en su propósito por atender y dar solución a la problemática que se enfrenta, gestionar implica la ordenada administración de recursos y la organización de los elementos necesarios para poder articular y sistematizar en un conjunto de acciones y procesos la consecución de objetivos.
    En este orden de ideas, vale la pena asentar que esta modernización administrativa y búsqueda de mayor calidad en la gestión de los asuntos públicos, la cultura no ha estado exenta de ello, por el contrario dadas las particularidades que guarda un tema de alta sensibilidad como éste, ha demandado que la gestión del patrimonio cultural incorpore múltiples visiones disciplinarias donde se alienta la discusión sobre la atención de los asuntos referentes a la problemática que enfrenta el patrimonio cultural sea este paleontológico, arqueológico, arquitectónico, inmaterial o cualquiera que sea los rubros en los cuales se ha clasificado dicho capital. Ello no concluye que los especialistas en dicho patrimonio sean desplazados, por el contrario sus ejes de acción y directrices se mantendrán, pero la discusión de su pertinencia entre profesionistas de distintos rubros permiten no sólo la observación de factores que muchas veces la especialización de una disciplina impide ver y que es considerable ponderar dichas sugerencias a favor de proyectos que cuenten con una solidez, blindaje lo llaman algunos, donde la atención del problema sea integral, es decir se procure que dicha atención detone la aparición de aristas que permitan que la intervención de los bienes culturales se vea como parte de un complejo sistema, donde todos los elementos que lo constituyen aseguran la preservación del bien cultural y reditúe en beneficios sociales, es decir, ya no se trata sólo de atender en específico un basamento, una techumbre, el levantar una barda o el restituir a su condición y características originales un bien mobiliario.
    Por el contrario, los procesos de intervención que se emprenden hoy día además de asegurar la integridad y particularidades físicas de los bienes culturales, estos a su vez sean detonantes de acciones que sin tener que ver directamente con el ámbito cultural permitan que se aprecie el entorno en el cual se encuentran ubicados y con ello se promuevan acciones que mejoren o alivien las condiciones sociales, sobretodo, que los rodean.
    Las transformaciones que se han emprendido en los modelos de atención y administración de los recursos orientados a las políticas culturales responden a líneas de pensamiento mundiales, donde con tino se ha definido que los bienes culturales de los estados, pueden y deben integrarse en estrategias de desarrollo económico y social, ya que su atención y divulgación se incorporan en dinámicas y sinergias virtuosas, como se mencionó con anterioridad la óptica de la gestión pública reclama que la atención específica de la problemática cultural se comprenda dentro de una perspectiva mayor donde los entornos sociales y económicos se ven directamente afectados o beneficiados por el catálogo de acciones, este ha sido el pensamiento que ha nutrido en los últimos años los documentos y lineamientos de la UNESCO y la Organización de Estados Iberoamericanos, en materia de la atención y salvaguarda del patrimonio cultural.

  5. La cultura un respiro III

    Sin embargo, estas transformaciones paradójicamente descansan su éxito en la transformación de perspectivas y modelos de pensamiento, donde la vinculación entre economía y cultura que se ha pensado es algo más que incoherente, ya que por naturaleza, ambas son mutuamente excluyentes.
    ¿Cómo se ha resuelto tal artilugio? El trabajo que implica la transformación de estas visiones sobre la preservación del patrimonio cultural, no es algo que se modifique de un momento a otro, es más, si estas directrices no son alimentadas desde la formación de los profesionales dedicados a estas tareas ni en el largo plazo habrá cambios sustanciales en la atención integral de los bienes culturales que gozan las naciones.
    Asimismo, no es ajeno la perspectiva internacional que la UNESCO ha dado a que el patrimonio cultural de los países es un asunto de alcances internacionales, la preservación y afirmación de la diferencia, descansa en la salvaguarda de las evidencias que afirman y dan sentido a estas identidades culturales. Es decir, esto ha sido la llave mediante la cual la diferencia y alteridad de los colectivos humanos tiene que salvaguardarse, en tanto riqueza y botón de la diversidad humana, a través de mecanismos, recomendaciones, lineamientos, convenios o cualesquiera que sea el fundamento jurídico desde un mirador internacional. Ello además como respuesta al avance tecnológico y las necesidades de otorgar una mayor cantidad de servicios públicos que optimicen los desplazamientos y permitan el desarrollo de centros urbanos modernos, quienes se erigen como las principales amenazas a la integridad física del patrimonio cultural tangible, en especial el natural, aunque no por ello debe omitirse el impacto de este progreso en los vestigios históricos y testimonios del desarrollo de las civilizaciones.
    Pero es necesario advertir que este discurso orientado a una acción multilateral en la salvaguarda del patrimonio cultural no debe ceñirse únicamente a su parte orientada a proteger los bienes culturales, sino que por el contrario, se hace necesario asumir con el mismo compromiso las demandas y sugerencias sobre el aprovechamiento de dicho patrimonio como detonador del desarrollo económico sostenible y que tiene que ver con la articulación de la cultura y el turismo como factores estratégicos para el desarrollo y mejoría de la calidad de vida de los colectivos donde se ubican los bienes culturales. Lo cual no quiere decir, que el patrimonio cultural se someta a prácticas comerciales que en primer lugar alteren su razón de ser y lo coloquen en situaciones donde su integridad física esté en riesgo permanente, es decir el patrimonio cultural debe ser utilizado más allá de mero testimonio o referente histórico que explique el desarrollo de regiones geográficas o naciones en su conjunto, pero que este uso que se sugiere someta al patrimonio a actividades intensas donde su aprovechamiento lo destine a un agotamiento que lo coloque al punto de su pérdida, para decirlo en términos económicos, el patrimonio cultural es un recurso no renovable; de tal modo que, su utilización debe estar sometido a criterios donde los beneficios económicos que de él puedan derivarse, redunden en técnicas de conservación y restauración que aseguren su integridad física por un lado; mientras que por el otro, dicho uso tiene que limitarse al propósito de que la mejora de la calidad de vida impulse una conciencia, entre quienes conviven e interactúan cotidianamente con el patrimonio de referencia principalmente, sobre la importancia de salvaguardar dicho bien cultural, cualquiera que sea éste su condición.

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