Obama invita a bailar a los Castro

-“Comunistas antidemócratas” – “Imperialistas yankees”. Ese ha sido el “diálogo” entre cubanos y estadounidenses en las últimas cinco décadas, lo que le permitió al Gobierno de Fidel Castro mantener un discurso de unidad nacional que diluía el debate interno, bajo la premisa de que el enemigo estaba afuera, era poderoso y había que enfrentarlo como un sólo bloque. Hoy esa historia podría cambiar si funciona la estrategia del gobierno de Barack Obama que ha reconocido – en voz de su Secretaria de Estado, Hillary Clinton- que la estrategia seguida por su país ha sido un fracaso.
Por eso los guiños de las últimas semanas: la flexibilización para los viajes de los cubano-estadounidenses que ahora podrán ir con más frecuencia a la isla o la nueva política que facilita el envío de remesas a Cuba. Medidas que en sí mismas pueden valer mucho o poco, pero que deben ser entendidas como invitaciones a bailar, a cambiar la dinámica y a escribir una nueva historia. La pregunta es cómo responderá el gobierno de Raúl Castro. ¿Liberará algunos presos como solicitó el presidente Obama para mostrar que el deseo de diálogo va en serio?, ¿mandará alguna señal de que ven en Obama una oportunidad para abrirse al mundo? O por el contrario, ¿perciben en la nueva estrategia estadounidense una amenaza para el réginem, un caballo de Troya, una trampa que puede abrir la puerta al cambio y la inestabilidad?
La invitación está en el aire y todo indica que los tiempos no serán los de los medios ni los de los analistas sino los de la diplomacia (y hay que recordar que el reloj de los cubanos avanza a un paso más lento). En cualquier caso es evidente que estamos viendo un periodo de definiciones estratégicas y que Obama está extendiendo una mano. Veremos si encuentra quién se la tome o si lo dejan con la palma extendida.