Criminales canonizados

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Artículo publicado en la revista Etcétera en su edición de Abril.

Josef Fritzl es un hombre despreciable, célebre por haber abusado de su hija a la que mantuvo encerrada y con la que tuvo siete hijos durante 24 años. No hay duda, Fritzl merece el rechazo colectivo. Y por ello, será acreedor a un contrato en miles de euros para que cuente su historia. Ese es el mundo de los medios en el que vivimos. Al momento de escribir este texto el acuerdo es apenas un borrador y no ha sido aún formalizado pero las pláticas con su abogado son reales y en ellas participa la agencia de noticias Central European News (CEN), una de los múltiples medios que de acuerdo a una nota del diario español El Mundo, están interesados en adquirir los derechos de su historia. Anticipando la reacción a este contrato, sus promotores aseguran que el dinero que ganen con la publicación será destinado a la víctima de sus abusos.

Apenas unos días antes de que se publicara esta información, los medios del mundo se dieron vuelo con la inclusión de Joaquín Guzmán, alias el Chapo, en la exclusiva lista de la revista Forbes. La controversia ya es conocida, en especial por los criterios tanto metodológicos como de sentido político que habrían pesado para su consideración. Sin embargo, poco se habló sobre el mensaje de éxito social que inevitablemente iba asociado a su participación en el selecto club. Sin distinguir entre fortunas legales e ilegales, ni hacer referencia a las muertes que habría detrás de ese patrimonio, la revista logró convertir en una celebridad global a uno de los narcotraficantes más temidos y buscados en el mundo.

A este recuento –apenas una muestra de los muchos casos que los medios nos regalan – debemos agregar un personaje de ficción, protagonista de una serie de televisión. Se trata de Dexter, un “asesino serial del lado de la justicia”, como señala la promoción de la cadena Fox; un médico forense del Departamento de Policía de Miami que tortura a sus víctimas, criminales que son cazados y mutilados con lujo de detalle. La serie, según entiendo, es todo un éxito en los Estados Unidos, tiene sus seguidores en América Latina e incluso en México se transmite en televisión abierta.

Los casos, como es evidente, tienen elementos en común. Se trata de protagonistas que son tratados con una doble moral por los medios de comunicación, y a través de ellos, por la sociedad. Por un lado, son figuras repudiadas. O ¿quién en su sano juicio y de cara a la población podría sostener que Josef Fritzl, Joaquín Guzmán o Dexter, deben ser colocados como modelos a seguir?; sin embargo, los mismos medios que condenan y repudian ese tipo de conductas son los primeros en brindarles un tratamiento que hacen de ellos figuras atractivas. Es el peor rostro del hombre, legitimado por la gracia de los medios.

Pero no nos confundamos, la contrapropuesta no pasa por sacar estas historias de la prensa o la televisión, sino en tener claridad en el tratamiento de la información. Los medios, me decía hace poco el periodista español Arcadi Espada, deben retratar al mal (refiriéndose a la violencia del narcotráfico y el terrorismo), pero deben hacerlo como lo que es, un lastre para la sociedad, un lado indeseable y condenable, y no como reproductores acríticos de sus mensajes.

No es extraño escuchar todas las semanas, o al menos una vez al mes, que alguna persona en el mundo salió a matar a sus conocidos, familiares o compañeros, sin que sea evidente la razón. Casos que se suelen explicar en función de los problemas mentales de quien así actúa. Probablemente así sea, pero no está de más que desde los propios medios asumamos el compromiso de revisar qué tipo de mensajes se están enviando a la sociedad, para que luego no nos sorprendamos y gritemos con tono de indignación cuando la violencia nos estalla en la cara.

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One comment

  1. Estereotipos sociales.

    El papel que juegan los medios de comunicación en la construcción de imágenes y estereotipos sociales dignos de admirar y más aún de emular tiene sus acotaciones, es cierto que el manejo de información sobre personajes que se han hecho figuras públicas pasen de ser enemigos de la sociedad a modelos a seguir; sin embargo, por más favorables o tendenciosos que sea el manejo de la información entorno a estos sujetos, lo cierto es que dicho discurso tiene éxito debido a una cultura social mal entendida, donde las déficit sociales permiten la disculpa del incurrir en actos ilícitos aún contra la integridad física de los integrantes de dicha sociedad que cumplen cabalmente con sus obligaciones y responsabilidades sociales.
    Merece un aplauso el que viola la ley o el que incurre en actos extralegales, el que logra evadir la acción del gobierno, sea en el pago de impuestos, la violación a los reglamentos de tránsito y demás disposiciones sociales, eso es lo que resulta admirable, la construcción del imaginario social actual favorece la irrupción de personajes que amparados en la miseria, la necesidad de llevar alimento a su casa, de evitar que sus familiares cercanos y los depositarios de sus afectos sufran la ignomínia y el desprecio de la sociedad por su carencia de instrucción, la pobreza otorga el derecho a los sujetos a violentar la ley, ese ha sido el discurso mediante el cual se exculpa a estos personajes, desde chucho el roto hasta los actuales criminales son analizados bajo esa óptica, el bendido bueno, el robin hood región cuatro ha permeado a la sociedad y por un lado mientras socialmente se siga difundiendo esos antivalores, los analistas y comunicadores reproduciran dichos estereotipos, no es tarea de los medios corregirla, sí es su tarea evitar la difusión festiva de estos actores, la responsabilidad reside en al urgente transformación del sistema de educación y el favorecimiento de la reproducción de valores sociales y familiares donde se reconozca el actuar conforma a las normas establecidas por parte de todos los actores y sin importar que tan pequeño sea robar y matar o bien pasarse un alto en cualquier crucero de este país.

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