El enemigo es la mafia. (En Nápoles no se hacen bolas)

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El enemigo es la mafia. Al menos eso tienen claro los habitantes de la ciudad de Nápoles que según cuenta una nota de El País, (de la que tomé la foto líneas arriba) han salido a las calles en miles para decirle al crimen organizado que están en su contra.

Es curioso cómo para los editores del texto lo más destacable es la participación del escritor Roberto Saviano (autor del libro Camorra, por el que está amenzado de muerte), mientras que para un lector como yo que mira esta nota desde México, lo más llamativo es que la protesta no es contra de las autoridades, no es para pedir la renuncia de nadie sino para expresar su repudio a la delincuencia. No tienen duda: el enemigo, al que hay que repudiar, es la mafia.

Ojalá en nuestro país lo tuviéramos así de claro, medios, políticos y ciudadanos. No se trata de renunciar a la crítica ni quitar responsabilidad a las autoridades sino asumir de qué lado estámos unos y de qué lado están los otros. La fórmula se ha repetido en Colombia – que han cerrado filas con sus autoridades – y ahora el fenómeno se ve en Italia. Habría que preguntarse por qué.

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One comment

  1. La erosión de la participación social.

    Las manifestaciones ciudadanas son síntoma de la salud democrática de los países con tradiciones y órdenes de gobierno que promueven la deliberación, al información y traen como consecuencia el interés ciudadano en la correcta atención de la problemática que le aqueja.

    En Europa dicha participación es notable y se distingue de las manifestaciones en latinoamérica, ya que en ésta última se ha hecho de la manifestación pública más un instrumento de presión y de exigencias que corrección económica antes que de repudio contra manifestaciones que atentan contra los contratos sociales, quizás habría que separar de esta categoría la tradición argentina del cacerolazo y el de las madres de la plaza 10 de mayo, que si bien atañe a asuntos meramente económicos, su vigencia y espontaneidad no están en duda, como lo es el caso de Eta en España o bien las manifestaciones francesas, inglesas y aún las italianas por citar algunos casos, aunque recientemente hemos observado que dichas manifestaciones han derivado en violencia con la policía.

    En México país que a duras penas se acerca a estos ejercicios democráticos de manifestación ciudadana se viven momentos de ajuste, por un lado el ascenso y acceso a la democracia suponía la masiva participación cívica, con entusiasmo y solidaridad durante la primera parte de la década de los noventa se endiosó a la sociedad civil, la cual permitió y alentó la multiplicación de organizaciones sociales que se montaban en fenómenos o problemáticas altamente identificadas para recibir subsidios y financiamiento pública nacional e internacional, lo cual hizo de este sentido democrático un modelo y proyecto de vida, que derivó en el desprestigio de la organización social.
    Años después en medio de una espantosa ola de eclosión del crimen, se hizo un llamado a la manifestación “espontánea” sin liderazgos políticos y sin el más férreo interés por obtener dividendos y rentas políticas y electorales, del cual la sociedad manifestara su inconformidad y el rechazo a la violencia y el crimen, esa primera manifestación multitudinaria si se recuerda no se manifestaba abiertamente contra la ineficiencia de las autoridades,aunque algunas de ellas se sientieron aludidas y “agredidas” por dicha manifestación, recuerdan el estúpidos que se les endilgó a los manifestantes de dicha movilización a través de una historieta financiada por el Gobierno del Distrito Federal, que tenía por objetivo impulsar y detonar una mayor eficiencia de las autoridades encargadas de este tópico.
    Dicha convocatoria era empujada por personalidades empresariales, de nivel medio, que habían sufrido en carne propia el secuestro y la extorisión, argumentaron que no buscaban beneficio alguno ni nada por el estilo; sin embargo, meses más adelante salieron a la luz pública las diferencias del grupo organizador y se descubrieron nexos entre los organizadores y encumbrados funcionarios públicos de las instituciones de seguridad pública, contratos, plazas laborales para familiares y demás acusaciones salpicaron la opinión pública, ante dichas acusaciones y evidencias las manifestaciones ciudadanas están más que dañadas en el imaginario nacional, no son vistas más que como causantes de caos y malestar vehicular, y como plataformas para que las demandas y exigencias públicas reditúen en beneficios privados, con esos antecedentes no existen mayores incentivos para la manifestación social, para demostrar quienes son los buenos y quienes los malos, aunque las tonalidades se borren.
    Asimismo, nada ayuda que conforme se dan resultados y se detienen a encumbrados criminales, aparecen los vínculos y nexos de éstos con las autoridades encargados de su persecución brindándoles protección, las líneas de diferencia se han borrado, así que claridad en quién es quién, no esta del todo dada, si bien es cierto que la mayoría de los funcionarios son honestos, lamentablemente algunos casos borran y nulifican el esfuerzo que servidores públicos honestos realizan.
    Es cierto que la sociedad mexicana está sobredimensionada, es cierto que carece de una cultura de respeto a la ley y de participación, hay que ser autocríticos, pero también es cierto que en medio de una crisis económica donde lo que importa es tratar de no fenecer en el cumplimiento de nuestras responsabilidades familiares y personales, incentivos para la manifestación ciudadana no los hay actualmente.

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