La imagen del niño torturado; ética y medios

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Una de las personas que más admiro en el campo de la comunicación y el análisis de los medios es el Dr. Raúl Trejo Delarbre, y lo respeto entre muchas otras cosas, porque tiene la capacidad de ver y escribir cosas así:

“La imagen del niño de seis años que fue encontrado amarrado y encerrado en la cisterna de una casa en Tlalpan ha suscitado comprensible indignación. Al pequeño y su hermanita de cuatro años los maniataban como castigo por parte de presuntos familiares suyos. Los culpables deberán ser ejemplarmente sancionados y ese caso tendría que ser motivo para reivindicar los derechos de los niños.”

“Junto con ello, no deja de ser inquietante la falta de información sobre la manera como fueron obtenidas esas fotografías. ¿Qué fotógrafo es capaz de aguardar a imprimir sus placas mientras el niño permanece atado y colgado prácticamente de cabeza? Los policías que llegaron a rescatarlos, ¿esperaron a las fotos antes de auxiliar a los niños?”

Hasta aquí la cita. Un ejemplo concreto y claro de lo que puede y debe ser una lectura crítica de la prensa. Quedan ahí las preguntas del Doctor Trejo para la discución. (El texto lo encontré en la nueva propuesta que está impulsando Raymundo Riva Palacio, www.ejecentral.com.mx)

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One comment

  1. El poder de la imagen

    Los hechos recientes que sacuden a las sociedades o por lo menos buscan atrapar su atención tiene que ver con testimonios audibles, registros gráficos o videograbados, la velocidad de la transmisión de la información hace que los medios busquen el datos más impactante, la nota más escandalosa y el testimonio o prueba que rinda veracidad sobre los sucesos del acontecer nacional. Lamentablemente la venta de los espacios de publicidad y todas las necesidades de comercialización que demanda un medio de comunicación para su supervivencia hacen que se privilegie lo morboso, lo crudo y para ello los medios de comunicación han entronizado a la imagen. Uno existe en tanto aparece en los medios, hace unos años se proyectó una película que se título Escándalo en la Casa Blanca (Wag the dog, en inglés), con Dustin Hoffman y Robert de Niro, donde se proyectaba el poder de manipualción a través de los medios de comunicación de una sociedad mediante la creación de una guerra con Afganistán y distraer a la opinión pública de los escándalos sexuales del Presidente de la nación con becarias ante las próximas elecciones, en una escena el poderoso asesor presidencial (de Niro) menciona que la guerra ha terminado y que todos los esfuerzos por distraer a la sociedad han sido en vano, Hoffman, como productor y director de cine decadente es el encargado de montar la coreografía niega la afirmación de su contraparte y le dice que eso es sólo un detalle que no se preocupe, de Niro abunda en el tema estamos acabados porque lo vio el la televisión y ella ha distado sentencia.
    Ese es el poder que descansa en la televisión, el poder de la imagen de rendir testimonio, de encumbrar o despezar trayectorias públicas, de envilecer o incentivar la reproducción de conductas sociales positivas. Ejemplos hay mucho, el típico las escenas de René Bejarano o de Imaz embolsandose ligas o bolsas de supermercado con dinero que aun no ha sido del todo explicado su origen y destino; sin embargo, son más poderosos esos testimonios que la relatoría exacta y puntual sobre el uso de fondos del sindicato de Pemex a la campaña de del candidato del PRI a la presidencia durante la elección del 2000, investigación que no pudo concluir con las sanciones correspondientes debido entre otros a tecnicismos legales que impiden que los sindicatos transparenten el uso de sus recursos financieros.
    Hoy vivimos una época donde los medios de comunicación exigen plena transparencia a los poderes públicos de sus mecanismos de procesamiento de información y de toma de decisiones, no estaría mal que como sociedad se exigiera lo mismo a los medios, sin que ello implique el señalamiento de sus fuentes de información pero si del procesamiento de la toma de decisiones de contenido editorial sobre todo, más allá del privilegio sobre el origen de información, como la revelación de operaciones de alta confidencialidad como los testigos protegidos, bien harían los medios el definir o al menos explicar que los lleva a privilegiar el manejo de la información antes que ayudar o salvaguardar la dignidad de las personas involucradas. No se puede continuar con atavismos y el blindaje de un código periodístico que ha sido rebasado y que se vulnera o se utiliza a conveniencia. Libertad de expresión, sí. Censura, jamás. Mecanismos responsables de trabajo y privelegio en el manejo de la información, inneludible. La sociedad cada día es menos credula, las fórmulas de atrapar la atención comienzan a desbordarse y a rozar fronteras altamente cuestionables que amenazan con retornos a modelos de comunicación que ya creíamos en el pasado. El exceso visual y la competencia por la mejor comercialización son amenazas reales.

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