Laura Elena Zúñiga ya ha ganado un lugar en la memoria popular, no por ser Miss Sinaloa ni haber logrado otros premios en concursos internacionales sino por haber sido detenida en compañía de pesonas de dudosa reputación. Por ese hecho, algunos analistas la tomaron como ejemplo de la penetración del narcotráfico en las esferas de la sociedad y más de una persona encontró en esta oportunidad – y en los foros que se abrieron para comentar el tema – un espacio para hacer públicas sus opiniones negativas sobre los concusos de belleza, sus organizadores y participantes.

Pero este caso también ha servido para reiterar nuevamente el poder de los medios de comunicación y la dinámica de los escándalos. Si bien hace unos días las autoridades – la PGR, pues el expediente ni siquiera llegó a ser valorado por un juez – determinaron que la joven no tuvo participación en un hecho ilícito, en los hechos da los mismo pues para fines de medios y opinión pública ya fue juzgada y sentenciada.

Incluso, según leo en una nota, sigue en pie el proceso para quitarle algunos de los reconocimientos y premios recibidos, y aunque su expediente quedó limpio, en términos de imagen ya no podrá recuperarse. La pregunta que habría que hacerse es por qué se le está castigando socialmente. Si no hubo un delito, entonces cuál es el origen de la sanción social ¿Por ligarse con personas presuntamente vinculadas al crimen organizado? ¿Si un cantante famoso apareciera en alguna foto acompañado de presuntos delincuentes sería igualmente repudiado?

¿Esta sentencia pública es congruente con el hecho de que miles de personas aplaudan y canten narcocorridos? ¿O es que una Miss debe ser una niña buena a la que hay que repudiar si se desvía del camino que se espera debe seguir?

Quizá estoy entendiendo mal el tema y si bien no se trata de defender a nadie no puedo dejar de sentir que hay un aire de hipocrecía, doble moral y machismo en todo este caso. Como siempre, ustedes tienen la palabra.

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