Foto de J.S.Zolliker

Algo hay de tenebroso en la restricción del servicio de agua que vivirá la zona metropolitana durante este fin de semana. No es la primera vez que ocurre, antes ya se ha presentado para darle mantenimiento al sistema y es un hecho que para muchas personas es una experiencia cotidiana enfrentar los problemas de abastecimiento. Lo atípico en esta ocasión es la causa, no se trata de un mal servicio público ni de un proceso ordinario, lo que pasa simple y sencillamente es que no hay reservas suficientes.

Lo que vamos a vivir es un intento por administrar un bien indispensable que hoy no existe en la proporción en la que estábamos acostumbrados. Para documentar el pesimismo ahí quedan las palabras de José Luis Luege Tamargo, director general de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), que apenas hace unos días aseguró -según reportó El Universal – que México se dirige a una crisis irreversible en materia hídrica de no cambiar la tendencia negativa en el manejo del agua, que incluye el desperdicio, la falta de tratamiento de las aguas residuales y las fugas. Incluso agregó que estos cortes del Sistema Cutzamala, “son nada comparados con la magnitud del problema del agua”, dado que “en los últimos 50 años, dijo, se redujo la disponibilidad del líquido de 18 mil metros cúbicos por habitante a 4 mil 400.”

Ya hay bastantes razones para que la gente esté preocupada: la situación económica, el problema de la inseguridad, etc. Pero quizá no estaría mal que en el contexto de este corte – con los efectos que tenga, que esperemos sean menores – aprovechemos la oportunidad para pensar cómo sería la vida sin agua para los millones que vivimos en el Valle de México. Tal vez así , los encargados de comunicar el tema tendrían más exito y los ciudadanos nos tomaríamos este problema con mayor seriedad.

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