El elefante y el Congreso

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Hace unas semanas nos enteramos por la prensa de la existencia de un rancho en Querétaro – presuntamente de narcotraficantes – que entre sus excentricidades contaba con varios búfalos y una jirafa, animales de estas tierras. Y la pregunta que más de uno se hizo es: ¿cómo transportas una jirafa desde cualquier puerto o frontera hasta el estado de Querétaro sin que nadie lo note? Pues de la misma manera, pareciera que en las últimas semanas los diputados locales, federales y senadores han aprobado una serie de leyes que parecen elefantes y que los ciudadanos no hemos notado pese que se han paseado frente a nuestros ojos.

Jorge Javier Romero ha criticado – en Facebook – las restricciones a los antros, Andrés Lajous ha denunciado lo que podría ser el diseño legal del refendum y del plebiscito, y yo estoy francamente preocupado por las reglas que regularán los cateos, las intervenciones telefónicas y otros nuevos instrumentos con los que contará la policía, aprobados esta misma semana.

A eso agréguenle la ley de extinción de dominio en el DF- que obliga a los propietarios a investigar a qué se dedican sus inquilinos bajo el riesgo de perder la propiedad si resultan delincuentes – o el nuevo marco que prácticamente mata a los call centers que ya no podrán ofrecer servicios financieros (que en general padezco como todo mundo) pero que dan empleo a cientos o miles de mexicanos que de la noche a la mañana han visto convertida en ilegal su actividad.

La sensación es que es tan peligrosa la parálisis como la actividad frenética de los legisladores que pueden aprobar leyes con consecuencias muy serias, sin que exista una reflexión ciudadana sobre sus implicaciones. El tema revela una falta de la sociedad – y sus medios de comunicación – para seguir los procesos, entenderlos y reaccionar. Realidad que confirma, una vez más, la necesidad de fortalecer el tejido social para que los legisladores no operen en medio de la nada.

Quiero pensar que muchas de las medidas aprobadas fueron analizadas a fondo, pero no me puedo quitar la sensación de que en medio de todo – incluyendo muchos buenos deseos – se están aprobando leyes que harán más daño de lo que pretendían remediar. En todo caso, si alguien encuentra un elefante en medio de su sala o la próxima vez que vaya a un antro, ya puede imaginarse cuándo y por dónde pasó.

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3 comments

  1. Esos legisladores no nos representan, por lo tanto las leyes que aprueban no son legitimas.

    El problema de México es mucho más grave de lo que se cree.

    Nada va a cambiar, porque México JAMÁS HA SIDO UN PAÍS DE LEYES. Los primeros que las pisotean son los partidos.

  2. Esos legisladores no nos representan, por lo tanto las leyes que aprueban no son legitimas.

    El problema de México es mucho más grave de lo que se cree.

    Nada va a cambiar, porque México JAMÁS HA SIDO UN PAÍS DE LEYES. Los primeros que las pisotean son los partidos.

  3. Ineficiencia legislativa

    En los últimos años las encuestas de opinión pública han recogido como un dato incuestionable, la pésima imagen del poder legislativo en su conjunto, su desempeño, su comportamiento, sus casi obscenas percepciones económicas las cuales además de no estar en congruencia con su desempeño profesional, son francamente sino desproporcionadas si carentes de sensibilidad, donde un país con casi 50% de su población vive en condiciones precarias.

    A esto hay que aunarle su comportamiento como actores renteros electorales, donde sus decisiones juegan con las emociones de la sociedad, son simuladores del interés común y ocupan sus puestos en lo general para lograr beneficios sean políticos y/o económicos ajenos a su cargo y donde espantan con el petate del muerto de la necesidad de la reflexión y el debate para procurar leyes y ordenamientos jurídicos que estén acordes a las necesidades sociales del México de hoy, donde se resguarde la identidad nacional y se salvaguarden los logros alcanzados en los regímenes pasados, cualquiera que signifique dichas declaraciones.

    Lo cierto es que la espiral esquizofrénica en la que se ha envuelto este país que demanda freno a la corrupción, cancelación de la impunidad y combate a los beneficios extralegales, cuando no ilegales, nos están conduciendo a legislaciones consensadas si, pero no discutidas en lo que a sus alcances y consecuencias se refiere, caminamos ante la ineficiencia de las autoridades encargadas de procurar seguridad a esquemas de acotamiento de las libertades y donde es más el prurito moralino el que conduce a generar leyes altalmente conservadoras y retrogradas donde la sociedad parece ser estar dispuesta a sacrificar los derechos y libertades alcanzadas si a cambio de eso obtendremos seguridad y bienestar económico.

    La conformación de una cultura política social que permee a la sociedad en su conjunto y la concientice de que en los regímenes democráticos es la cultura del respeto a la ley la que fortalece a los ciudadanos y obliga a los políticos a que vean por el bien común, lo cual supone la toma de decisiones muchas veces, sino es que las más, contrarias al sentir social, que dejen de comportarse como renteros electorales, lo cual troca a este sujeto en una seria amenaza a la democracia aun sin consolidar en nuestro país.

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