Sólo hay algo peor que perder, ganar y no darse cuenta. Andrés Manuel López Obrador ganó en el debate sobre la reforma energética. Logró lo que parecía increíble, que la mayoría parlamentaria formada por panistas y priístas se plegara a su proyecto. Su presencia creció hasta convertirse en un superlegislador que sin estar en el Senado palomeaba cada página, cada frase, cada palabra. Y hoy, por alguna razón extraña, tiró todo eso a la basura. Y con ello, una red de apoyo que logró construir durante todo este tiempo.

AMLO tuvo el acierto, y aquí lo escribimos, de tomar una bandera que le permitía representar a más ciudadanos que los que son sus simpatizantes; se podría no ser pejista, pero compartir su discurso. Y así, también armó un equipo de intelectuales – ya de por sí de izquierda muchos de ellos – que se convirtieron en un activo moral que se asumía como defensor del patrimonio nacional.

Con la decisión de protestar contra la reforma a pesar de haber logrado todo, AMLO renunció a las dos cosas. Perdió a los enemigos de la privatización porque ésos ya saben que lo será aprobado en el senado el día de mañana (no tienen otra opción más que aprobarlo), no pone en riesgo a Pemex. Pero también debe perder a ese grupo de intelectuales, mismo que ayer dio a conocer su visto bueno a los dictámenes que mañana serán votados.

Habrá quien diga que no fue AMLO quien bateó la reforma sino sus seguidores. Falso. AMLO tuvo dos opciones: evitar la votación o realizarla pero con un discurso claro a favor de la aprobación. No lo hizo y así abrió la puerta al resultado que ahora conocemos: que vengan las protestas.

¿Por qué actuó así? Tal vez pensó que si perdía esta bandera ya no tendría con qué movilizar a sus bases rumbo al próximo año; quizá sintió que al votar en el mismo sentido que el gobierno del PAN, perdería su conflicto central, el que lo define.

Cualquiera que haya sido la causa,lo que es un hecho que Andrés Manuel perdió y mucho. Y en este caso, a los ganadores habrá que buscarlos entre el gobierno, los priístas y los panistas, que no sólo le quitaron un argumento para protestar, sino que lograron aislar a López Obrador que ha quedado exhibido como un radical que necesita del pleito antes que el logro de los objetivos que dice defender.

Mañana seguiremos con el análisis. Por lo pronto, todo indica que hemos presenciado el suicidio de AMLO.

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