La fotografía debe quitar el sueño a la clase política: un millón de personas vestidas de blanco, marchando en contra de la inseguridad y exigiendo respuestas a sus autoridades. La imagen ya existe, es el testimonio de la movilización de hace cuatro años, expresión de lo que puede ser la presión social que ahora parece revivir.

Por eso, en los últimos días vemos los esfuerzos de diversos políticos por tratar de enfocar los reclamos hacia la ventanilla de los otros. Apenas cobró fuerza el tema en los medios y el Presidente Felipe Calderón colocó la ruta de la marcha hacia la oficina de Marcelo Ebrard. Decidido a dejar atrás la tregua política que había mantenido durante todo su sexenio, acusó al Jefe de Gobierno por la falta de coordinación y hasta aprovechó para reclamarle la realización de la consulta en materia energética.

A pocas horas del mensaje presidencial, ya había respuesta. Ebrard reviró, primero, al señalar que existe más coordinación entre los colaboradores de ambas administraciones, que entre los propios encargadados de la seguridad en el gabinete federal. Reproche puesto sobre la mesa luego de varios días en que los columnistas hablaban de guerras que llevaron a la salida de dos altos funcionarios de la PGR.

Ya encarrerado, Ebrard replanteó la estrategia y al día siguiente acusó al Presidente de querer lucrar con el tema de la inseguridad. Para entonces, ya todos conocíamos la nueva iniciativa presidencial que propone – nuevamente, como hiciera en marzo del año pasado – la cadena perpetua en diversos casos de secuestro, al tiempo que el Mandatario apuntaba ahora hacia la ventanilla del Congreso.

Todo indica que la ola blanca viene de nuevo y el temor de quedar atrapados pondrá a actuar a más de uno. Veremos, al tiempo, cuáles son los resultados.

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