Decir que el discurso de Barack Obama es histórico es una obviedad: su visita con tan altas expectativas cuando apenas es un candidato, la masiva presencia de asistentes, la cobertura de la prensa mundial.

Pero eso es solo la parte mas evidente. El discurso es inédito porque es la exposición mas importante de la nueva agenda política, ésa que pasa de derechas, izquierdas y es atractiva para un publico global. Claro que la libertad y el cuidado del planeta son dos conceptos anteriores a esta campaña; lo novedoso aquí esta en la presencia de una opinión pública global que comparte los mismos referentes. Darfur o el cambio climático, el 11S, el 11.M, Irak o Afganistán, son expresiones que dicen algo para millones de personas.

Obama hablaba de la segunda guerra mundial o de la Guerra fría y muchos de los jóvenes que le escucharon tuvieron que pensar en sus libros de historia. La generación que le ha impulsado y que muy probablemente le hará presidente, no ha vivido en un mundo de lucha de ideologías; para muchos la historia es mas conocimiento que fuente de identidad, y la lucha por las utopías es en el mejor de los casos una playera del Che Guevara o del Subcomandante Marcos.

Por eso lo de Obama es espectacular; es la respuesta al hambre de sentido, son las ganas de sentir que cada persona puede influir en su destino. Obama es emoción pura, es esperanza pura.
Si gana, muchos tendrán que recordar por la mala –quizá hasta el propio candidato- que el ejercicio del poder es otra cosa pero por ahora Barack ha demostrado cuánta falta hacen en el mundo los líderes capaces de ilusionar y conducir, líderes capaces de entender y comunicar. La presencia de hoy de Obama fue histórica porque fue un fiel reflejo del mundo de hoy.

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