La consulta que nació muerta

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Al momento de escribir estas líneas faltan varios días para la realización de la consulta sobre la reforma energética; naturalmente no hay datos sobre el nivel de participación ni sobre los resultados de la misma. No obstante, desde ahora es posible decir que ese ejercicio ya fracasó. Y la causa no hay que buscarla en la legalidad, eso desde el principio se daba por descontado. En nuestras leyes, no obstante ser un viejo reclamo, no existen la figura del referendo o plebiscito. Así que de legal nada. El resultado de ese ejercicio no es vinculante, es decir que jurídicamente no obliga a nadie a nada.

Pero eso nunca fue un problema. Lo supo desde el principio Andrés Manuel López Obrador y lo entendió también el Jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, que plantearon la consulta como un acto político, una maniobra orientada a dos objetivos: darle un sentido concreto a sus movilizaciones, al tiempo que generaban un serio debate sobre la legitimidad de la iniciativa presidencial.

La medida, hay que reconocerlo, tuvo su dosis de acierto. Poseedores de recursos políticos, los perredistas destinaron recursos públicos para impulsar su causa. Sacaron el tema con sus votos en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal y con sus alianzas políticas lograron subir a ese tren al Instituto Electoral local y a otras organizaciones de la sociedad civil.

Hasta ahí la estrategia estaba funcionando. El problema es que en su cálculo no contaban con el PRI. El Gobierno y su partido, es cierto, fueron colocados en la posición más incómoda al tener que ser los políticos que descalificaron una consulta popular. No importa la legalidad ni la legitimidad de la misma, en sí criticar el ejercicio es políticamente incorrecto pues siempre será mejor -me refiero en este caso en el plano del discurso – abrir el debate a los más y no a los menos.

De tal forma que incluso los panistas no fueron capaces de articular una respuesta clara. Primero, fieles a la formación de muchos de sus dirigentes descalificaron el tema desde una perspectiva legal; luego, confundidos y de manera incluso tardía, distribuyeron unos folletos en la capital del país, que si bien defendían la propuesta del Presidente Calderón, en el balance final no quedaba claro si exhortaban a la población a participar y así cargar un poco la consulta hacia el “sí”, como si con eso pudieran cambiar un resultado que de antemano será fruto de la capacidad de movilización del PRD, contra la que el PAN de la capital está muy lejos de poder competir.

Aun así la consulta será un fracaso y la causa habrá que buscarla en la estrategia del PRI, que en el lenguaje del estratega político estadounidense Dick Morris, ha hecho un magnífico ejemplo de triangulación. ¿En qué consiste la apuesta? Tomar un poco de dos posturas encontradas para colocarse por encima con una salida superior.

En este caso, el grupo del PRI ha tomado en buena medida el diagnóstico del PAN. En su discurso ha dejado en claro que algo se tiene que hacer con la paraestatal. Ha capitalizado el debate sobre la necesidad de la reforma y ha salido a los medios con su propia iniciativa. Pero en ese proceso también ha arrebatado algunas de sus banderas al PRD. Desde el inicio de la discusión compró el combate a la privatización y ha desempolvado el discurso de la modernización, junto con el de la defensa de los intereses de la nación.

Con esta estrategia el PRI sacó de la jugada a sus dos adversarios: al PAN, al dejar en claro que no aprobarán su propuesta original y al PRD…también al sacar de la jugada al PAN. ¿Qué sentido tiene hacer una consulta sobre algo de antemano se sabe no se va a aprobar?, ¿Para qué movilizar en torno a una defensa cuando es el PRI quien jugará el rol no sólo del que contuvo sino el que propuso y resolvió?.

Al PRD le cambiaron al adversario en el camino y a estas alturas poco puede hacer para reorientar la discusión. Conociendo su estilo, apostarán por el discurso de la descalificación, dirán que es nuevamente una maniobra del PRIAN, más de lo mismo.

Quizá el mensaje sirva para los suyos, para los de casa, no para el resto del electorado que habrá visto cómo la propuesta calderonista ya estaba tan muerta, como la consulta que se hizo con la intención de asesinarla.

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