Sobre la "desaparición" de Santiago Creel en Televisa (¿Medios vs medios?)

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El que con una imagen mata, con una imagen muere. Esa podría ser la frase que sintetice uno de los últimos capítulos de la batalla entre algunos medios de comunicación y la clase política mexicana. Episodios de una guerra que inició quién sabe cuándo pero que se ha expresado con claridad, de manera reciente, en la impugnación de un grupo de entonces legisladores que llevaron hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación la llamada Ley Televisa; primera etapa de una disputa que derivó en la decisión de los Ministros que echaron atrás varios de los artículos más controvertidos.

Meses después un nuevo grupo de congresistas mexicanos reformaron el marco electoral y con ello redefinieron la relación entre medios, periodistas y recursos públicos y privados, al eliminar la renta de espacios con fines de propaganda para remplazarla con la asignación de tiempos oficiales a través de un esquema, que al mismo tiempo, elimina el margen que tenían los concesionarios para premiar o castigar a ciertos aspirantes en función de sus actuación pasadas y futuras.

El cambio se hizo a pesar de la postura de importantes empresarios de los medios, algunos de los cuales definieron desde entonces algunas filias y fobias, lo que llevó, por ejemplo, a la virtual desaparición de los espacios informativos de varias figuras públicas, particularmente, senadores. Entre ellos, Santiago Creel quien hasta hace unas semanas se desempeñaba como coordinador de los senadores de Acción Nacional, función que lo llevó a su rol actual como Presidente de la Mesa Directiva del Senado.

El tema no es nuevo, ha sido comentado y particularmente documentado por la revista Etcétera (www.etcetera.com.mx), sin embargo, esta conducta se fue asumiendo como parte de la normalidad. Todo hasta que nuevamente una imagen irrumpió en escena, en esta ocasión en la primera plana del periódico Reforma que en su edición del pasado lunes 14 de julio, mostró dos imágenes idénticas. O casi. La diferencia es que en la primera se mostraba una zona borrosa, la cual no parecía especialmente relevante hasta que uno la comparaba con la otra fotografía, ejercicio que revelaba que lo que parecía ser un mal enfoque en realidad era la imagen del senador Santiago Creel, que por la magia de la edición había desaparecido de la escena que fue transmitida en el espacio de Carlos Loret de Mola.

El tema fue creciendo desde la publicación del diario, al grado que el Senador Creel aprovechó para revivir el debate sobre las razones de su salida de la coordinación panistas, señalando que el propio presidente de su partido, Germán Martínez, le reprochó su mala presencia con los medios a la hora de justificar el cambio; revelación que hasta el momento de escribir estas líneas no ha sido refutada por el dirigente panista, quien ha señalado que se reserva las razones del movimiento.

Pero eso no fue todo, en su campaña Creel logró el apoyo de los legisladores, no sólo los de su partido, sino de todas las bancadas al grado que se ha planteado la posibilidad de que se pronuncie el Senado en su conjunto. Ante estos hechos, la empresa Televisa ha anunciado que el tratamiento de la imagen no fue un acto de censura sino un error de edición y ha asegurado que abre sus puerta a Creel para que exprese sus opiniones.

Es difícil saber cuál será el alcance de este caso. ¿Será el inicio de una nueva relación?, ¿o es sólo una estrategia de los diferentes actores, unos para fortalecer su capital político, otros para fortalecer su imagen pública? Lo único claro es que este episodio confirma la importancia de contar con un sistema de medios plural. Uno que permita que los diarios no estén ligados a las televisoras; una estructura de medios en la que las estaciones de radio puedan hablar con independencia de la prensa escrita o de otros medios electrónicos; uno con tantos y tan fuertes jugadores, que permita que el rol de vigilante que desempeñan los medios, también pueda convertirlos en ser vigilados, incluso por otros medios.

Variable que va en contra de aquella lamentable expresión que señalaba que “perro no come perro”, frase empleada para argumentar por qué desde los espacios informativos no se puede comentar el trabajo de otros periodistas. Por fortuna, esa cultura presenta fisuras importantes. No se ha fracturado, pero sí se ha debilitado. Ahí están los diferentes espacios – en revistas o en la radio y la televisión, sobre todo en los medios públicos – desde los que se analiza el papel de la prensa. Sin linchamientos, pero también sin tabús.

El poder de la imagen – es decir, el poder de los medios – creció tanto en los últimos años que incluso ahora es capaz de volverse contra sus propios creadores. Y eso, pese al ruido que genera, es una buena noticia para todos.

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