Crisis de alimentos: ¿nueva amenaza a la globalización?

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Si le preguntaran por la principal imagen en contra de la globalización, ¿cuál recordaría? Para muchos, la respuesta es un avión, una de las dos aeronaves que el 11 de septiembre de 2001 se estrellaron en contra de las Torres Gemelas en Nueva York. Ese día, en opinión de muchos analistas se puso en jaque al modelo de interdependencia entre las naciones. Sin embargo, la economía de ese país y el mundo resistieron el ataque y si bien se incrementaron los controles de seguridad para personas y mercancías, en los hechos el lenguaje del aislamiento no se generalizó.

Ahora, siete años después, hay una nueva amenaza para la globalización. Su forma ni siquiera llega a un centímetro de longitud. Se trata de un grano de arroz, símbolo de la crisis en los precios de los alimentos que se ha convertido no sólo en la principal preocupación de los dirigentes de los organismos internacionales más importantes del mundo, sino que promete convertirse en la principal causa de transformación de la vida política tanto nacional como internacional.

No es el propósito de este artículo señalar las causas de esta crisis, sino sus potenciales efectos. No obstante resulta pertinente recordar algunas de las variables que en opinión de los especialistas están detrás de este incremento: el crecimiento per cápita de China e India – países que concentran a más de un tercio de la población mundial – y que se ha traducido en nuevos y mejores hábitos alimenticios, con su natural impacto en la demanda mundial de alimentos; la disminución de la oferta de productos en el mercado mundial debido a los problemas climáticos que han afectado a algunas regiones del mundo y que algunos atribuyen al calentamiento global; el incremento en los precios de fertilizantes y el transporte, como efecto de los altos precios del petróleo; el uso de productos del campo para la generación de los biocombustibles; y las especulaciones en los mercados en torno a los precios de algunos productos básicos.

Toca a los especialistas determinar el peso específico de cada factor, lo cierto es que como ha reconocido el Presidente del Banco Mundial, Robert B. Zoellick, desde 2005 los precios de los alimentos básicos han aumentado en 80 por ciento, y los causas no pueden ser simplemente minimizadas como si se tratara de un problema pasajero pues en sus propias palabras: el alto precio de los alimentos se mantendrá, al menos en el mediano plazo.

El diagnóstico ha sido compartido. Para Koichiro Matsuura, director general de la UNESCO, lo que viene es un “futuro sombrío para la humanidad”. Según Josette Sheeran, directora general del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, la escasez de alimentos es quizá “la principal urgencia humanitaria mundial.” Y para Ban Ki Moon, Secretario General de la ONU, esta situación se trata de un grave problema global porque podría afectar a más de 100 millones de personas en todo el mundo.

El tema está ahí y no se irá pronto. La pregunta es cómo reaccionaremos. Son más de 40 países en el mundo que han aplicado controles a sus exportaciones de alimentos. Destacan casos como los casos de Brasil, que suspendió sus exportaciones de alimentos, y de Argentina, que ha aumentado los impuestos a las exportaciones en función de los precios internacionales, lo que ha derivado ya en un enfrentamiento entre la presidenta Cristina Fernández y los agricultores de aquél país.

Dos casos más que muestran cómo la tendencia para algunos será ponerle barreras al mundo: para el Presidente boliviano, Evo Morales, la respuesta pasa por “identificar a los enemigos del pueblo que son (las) políticas económicas, el modelo neoliberal, el sistema capitalista.” Opiniones similares a las de su par ecuatoriano, Rafael Correa, quien ha declarado que “los grandes países capitalistas que criticaban los racionamientos en las economías centralmente planificadas (socialistas) hoy son los que tienen que racionar también sus alimentos” para enfrentar la crisis que se avecina en el mundo. Declaraciones hechas en el marco de una Cumbre Internacional de Seguridad Alimentaria que reunió a mandatarios de Centroamérica, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Cuba y Haití.

Términos como “soberanía alimentaria” y “defensa de los intereses nacionales”, son algunos de los más escuchados en estos días. Es comprensible. Los pueblos con hambre quieren a los responsables y el mercado y la globalización, pueden ser dos buenos chivos expiatorios. De ahí que las voces de alarman vayan acompañadas de exhortos de los defensores de estos modelos.

Para Dominique Strauss-Kahn, director-gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), es fundamental reconocer los logros económicos de la última década en América Latina. Por su parte, Pascal Lamy, Director General de la Organización Mundial de Comercio, apuesta por reducir las barreras al intercambio de bienes agrícolas, como los subsidios que los países ricos dan a sus productores. Para él, como muchos, la respuesta de mediano plazo está en más libre comercio y no en menos. Y esas dos posturas – la de la apertura y la del aislamiento – son las que se enfrentarán con más intensidad en el periodo por venir.

Del saldo de esta guerra dependerá algo más que el futuro de la economía mundial.

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