Medios y desastres

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Los medios y los desastres naturales son una pareja natural. Los primeros tienen como vocación la búsqueda de lo extraordinario, lo inusual, lo que se sale del guión. En particular, cuando se trata de algo que impacta en la vida de miles de personas, razón que coincide además con la función social de la prensa. Por si fuera poco, el carácter visual y con un alto contenido emocional que no requiere de mayores explicaciones, hace que las crisis por fenómenos naturales se conviertan en un imán para las coberturas periodísticas.

Al mismo tiempo, las víctimas de estos hechos necesitan de los medios de comunicación. Su cobertura es un estímulo y un acicate para las autoridades que deben darles respuesta. Si actúan adecuadamente, al menos en términos de percepción, pueden ser grandes plataformas. En contraste, un mal desempeñó puede ser un camino seguro hacia el fracaso político, y en ocasiones, hasta histórico. La imagen pública de Rudolph Giuliani, entonces alcalde de Nueva York, luego de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 es una ejemplo del primer caso. El estigma que sigue al ex Presidente mexicano Miguel de la Madrid por su desempeño tras los sismos de 1985 es un buen ejemplo del segundo.

A esta presión – que juega en favor de los damnificados – se suma el impacto de los medios en las donaciones nacionales e internacionales. Lo que no se ve en la esfera mediática no existe, no conmueve y no convoca. Triste realidad que han experimentado diversas comunidades dentro y fuera de México cuando la agenda mediática los ha dejado de lado. Y es aquí donde empezamos a descubrir que la relación medios-desastres tiene también un lado oscuro.

Empecemos con sus ciclos de vida. La prensa vive en lo inmediato, con muchas trabajos en el corto plazo y rara vez en el mediano o largo. Se alimenta de lo novedoso, lo sorpresivo, y una vez que se ha anunciado la presencia de más de un millón de damnificados – por citar el caso reciente de Tabasco – la nota empieza a perder valor. El millón de personas, cada día que pasa, experimenta una especie de devaluación en términos periodísticos, que a fuerza de repetirse termina por perder su significado.

Los medios lo saben y por eso están siempre en la búsqueda de la próxima nota, del titular del día siguiente o del gran tema de la semana entrante. El que una noticia se mantenga en los espacios principales de noticiarios y periódicos durante dos semanas es un logro que pocas pueden presumir. Extenderla durante más tiempo con esa intensidad puede resultar contraproducente para los intereses de ese medio que verá cómo su público migrará en búsqueda de nueva información. Conducta que incluso en el caso de la televisión pueden documentar gracias a la tiranía de los ratings que miden las preferencias del auditorio minuto a minuto.

La tragedia está en que este periodo de vida de las noticias está lejos de coincidir con los tiempos que marca un desastre natural. Su momento crítico puede coincidir con el tiempo de las noticias: los efectos inmediatos de un sismo, la entrada de un huracán o los destrozos de las inundaciones, entran en el ciclo informativo natural. El problema está en los efectos de mediano y largo plazos que suelen quedar fuera de los informativos.

A esto se agrega el contenido de las coberturas. La paradoja está en que los damnificados de un desastre, al mismo tiempo que son beneficiados por el tono dramático inicial, pueden ser perjudicados al paso del tiempo. Cancún y Nuevo Orleans, destinos turísticos afectados por los dos fenómenos – los desastres y las coberturas – pueden servir como ejemplos de regiones que han tenido que hacer un esfuerzo importante por lograr captar nuevamente las preferencias de los públicos, que antes fueron solidarios con los afectados, pero que ahora podrían poner reservas antes de elegirlos como sus próximos destinos.

El tema da para mucho más – como revisar la ética para el manejo de la información en estos casos- pero basta ahora con poner el tema sobre la mesa. Si como dicen los expertos en materia ambiental los desastres por causas naturales aumentarán en los próximos años, no está demás que desde la óptica del periodismo reflexionemos sobre esta compleja relación.

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