La crisis de Tabasco es la peor crisis que ha vivido México en décadas. Es más que lo que hemos visto luego del golpe de los huracanes, incluídos los más violentos. Lo de Tabasco es otra cosa. Es una crisis de otro tipo y si no lo entendemos así no podremos prepararnos para lo que viene.

Tabasco ha perdido su campo. Anegado por completo ha perdido todos sus cultivos, fuente de ingreso para miles de personas. A nivel nacional el impacto quizá sea menor salvo en sectores concretos como la producción de plátano. Sin embargo, a nivel local la historia será distinta.

Situación comparable a la que deberán enfrentar aquellas personas que viven o trabajan en el centro de la ciudad de Villahermosa, que como dicen los tabaqueños, “se fue al agua”. La pregunta que nadie ha podido responder es cómo sacarán el líquido invasor. Más de la tercera parte de Tabasco es agua en condiciones normales, decía el gobernador Andrés Granier. En esta crisis el porcentaje creció a más del 75 por ciento. La duda, por tanto, es adónde se irá el agua, si como han explicado las autoridades las zonas inhundadas, al menos en la capital, se encuentran por debajo del nivel de los ríos. A eso hay que sumar que se crearon nuevos causes y otros volvieron a su lugar histórico, de tal forma que no será fácil que desaparezcan las corrientes que surgieron en la última semana.

Por eso no es probable que esas zonas vuelvan a funcionar en dos, tres o cuatro semanas, y quizá sin ser alarmistas, debamos reconocer que algunas regiones no volverán a ser lo que eran en meses. De ahí que resulta pertinente preguntarnos de qué van a vivir esos miles de personas si su fuente de ingresos, y sus vivienda, han desaparecido.

Quien cuente con ahorros podrá sobrevivir una vez que se reestablezcan los servicios bancarios, hasta el momento suspendidos por los bancos inhundados y el abandono de los cajeros automáticos que por falta de electricidad o “abastecimiento” han dejado de operar. Pero los recursos son limitados. Peor aún para quien solía vivir al día.

Previsiones que no pretenden alarmar sino advertir sobre lo que viene. Será clave la aplicación de un Programa de Empleo Temporal (PET), acción frecuente luego del paso de los huracanes pero que en este caso deberá tener una dimensión distinta. Aquí el reto es replantear para el corto, mediano y largo plazos, nuevas formas para ganarse la vida.

Si hay recursos, es claro, habrá empleo de corto plazo pues se necesitarán muchas manos para reconstruir la Ciudad. Sin embargo, habrá que ver qué se puede reconstruir, cuántas personas podrán vivir de esa actividad y por cuánto tiempo.

De ahí que sea predecible, tal y como ocurrió en Nuevo Orleans, un fenómeno migratorio que le cambiará el rostro al país. Como ya ha empezado a ocurrir, estados vecinos como Veracruz y Chiapas han recibido ya a miles de daminificados. Ahora en albergues, mañana de manera permanente lo que generará nuevas presiones económicas en esas entidades, de por si con serios problemas sociales y económicas.

Por eso la migración se extenderá hacia otros estados, y en unos pocos años, hacia los Estados Unidos, país que debería entender esta crisis como un problema propio, cuyos efectos resentirá eventualmente.

Trágico como se lee, el escenario descrito es todavía optimista al compararlo con lo que pudiera seguir si no tienen éxito las acciones de combate y contención de enfermedades infecciosas. Dengue, paludismo y cólera, son algunos de los males que tratan de contener las autoridades de salud de los diferentes niveles de gobierno. Situación que será cada vez más dificil conforme permanezca el agua estancada y las condiciones de vida de la población daminificada no sean las más adecuadas.

Lo que estamos viviendo es críitico, no hay duda. Pero lo que viene no es cosa menor. Por eso, bien dice el Presidente de la Cruz Roja México al advertir que lo que tenemos enfrente no es una carrera de velocidad, sino de resistencia.

Hasta ahora la respuesta solidaria ha sido sobresaliente. La pregunta es si ese ritmo se mantendrá a lo largo de las próximas semanas y meses. Vendrá el Teletón, Navidad y el problema de Tabasco ahí seguirá. ¿También seguiremos nosotros? Se ve difícil.

Acostumbrados a mantener la atención durante cortos periodos de tiempo, lo predecible es que el tema pierda fuerza conforme pasen los días. Los medios percibirán la gradual falta de interés y desplazarán el tema hacia las páginas interiores y los momentos finales de los noticiarios.

Así funcionan los medios y la opinión pública. Y eso, es un factor más en esta tragedia que requiere nuestra atención durante varios meses. Por lo pronto, esta inercia ya ha arrojado a una primera víctima: los damnificados de Chiapas que han perdido la batalla por la opinión pública y los medios de comunicación, guerra que significa donaciones en especie y económicas. Resultado de la cobertura, y en parte, de la estrategia de comunicación del gobierno de Chiapas que a través de sus funcionarios mostró cierto tono de autosuficiencia que parece ha quedado rebasado por la realidad.

Hasta aquí esta primera lectura. Baste con mencionar para una futura agenda, los efectos en el medio ambiente y en el patrimonio de la entidad como las zonas arquelógicas, temas que podrían parecer frívolos pero que tienen relación directa con el proceso de reconstrucción de la entidad y con el daño al estado y al país.

Seguiremos comentando. Por lo pronto, aquí unas ligas a sitios que informan en dónde se puede apoyar a las regiones afectadas.

Donativos telefónicos vía Fundación Azteca
Datos de cuentas bancarias en México

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