El Presidente Felipe Calderón debe relanzar su gobierno. Las circunstancias así lo exigen y todo indica que el propio Mandatario mexicano así lo ha entendido. El problema es que hasta ahora no parece tener claro qué hacer con su diagnóstico. El problema empezó desde la elección del 2 de julio de 2006. Un proceso que no sólo dio a luz a un conflicto post electoral, sino que dio vida a un Congreso destinado a ser protagonista, en el que el Presidente no contaría con una mayoría parlamentaria a su favor.
Desde ese momento, Felipe Calderón supo que estaba en manos de la oposición. Para su fortuna, el perfil de los actuales legisladores resultó mucho más conveniente que el que tuvo enfrente Vicente Fox durante sus seis años de gobieno. Frente a la mezquindad de algunos legisladores que apostaron por el fracaso del foxismo como la vía para llegar al poder, los actuales miembros del Congreso parten de una lectura muy distinta, que vista su actuación se traduce en una serie de acciones de gobierno que coloquen al Legislativo como actor central de la vida política nacional.
Así lo ha dicho desde hace tiempo Manlio Fabio Beltrones, líder de los senadores tricolores, y así lo han demostrado Santiago Creel y Carlos Navarrete, sus pares en el PAN y el PRD que han estado a la altura. También los coordinadores parlamentarios, entre ellos Emilio Gamboa, Javier González Garza y Héctor Larios, por mencionar sólo a los líderes de las bancadas más importantes que han logrado notables acuerdos, lo mismo en la aprobación del presupuesto y la ley de ingresos, que en la reforma a la ley del ISSTE, la reforma electoral o el nuevo marco fiscal.
Lo malo para el Presidente es que estos acuerdos han implicado un alto costo para su imagen; Felipe Calderón – quizá por la experiencia de su antecesor – ha debido guardar silencio durante largos periodos de tiempo para no arriesgar las difíciles negociaciones entre los grupos parlamentarios. El resultado, nuevas leyes de la mano de la percepción de un Presidente ausente que si bien está detrás de las posturas de la bancada panista, en términos públicos pinta poco.
Este desplazamiento de la figura del Ejecutivo se ha visto acompañado por el bajísimo perfil de la mayor parte de su gabinete. En este campo también es inevitable el contraste con el modo de operar de su antecesor. Durante el foxismo, no hay duda, presenciamos desempeños muy pobres de muchos de sus colaboradores pero al mismo tiempo fuimos testigos del buen desempeño de algunos secretarios de Estado. Pienso, por ejemplo, en la carismática secretaria de Desarrollo Social, Josefina Vázquez Mota, que colocó al programa Oportunidades como uno de los logros más importantes de la pasada administración; resultado que contrasta con la más que discreta imagen que la misma funcionaria tiene como titular de la Secretaría de Educación Pública.
El esquema también recuerda el papel de otros colaboradores como Julio Frenk o Xochitl Gálvez – ex titulares de Salud y de la Oficina de Atención a los Pueblos Indígenas, respectivamente – que también fueron una fuente importante de historias de éxito en el pasado reciente. La pregunta es dónde están ese tipo de colaboradores en el gobierno de Felipe Calderón. Tengo la seguridad de que ahí están. No sé quiénes, pero seguramente habrá personas muy talentosas dentro del equipo presidencial. El problema, al menos visto desde afuera, es que parecen aterrados. Paralizados ante el miedo de ser llamados a cuentas por brillar de más. Situación que quizá tuvo sentido en los primeros meses de gobierno, en los que debía centrarse la atención en el Mandatario entrante, pero que ahora ya no tiene razón de ser.
Por eso, si el Presidente quiere volver a ser protagonista deberá dar más espacio a sus colaboradores. Sólo así sabrá quién le funciona y quién no; reflexión que nos lleva al segundo punto. Ya es tiempo de hacer cambios en el gabinete. En particular en materia social. ¿Dónde están los programas distintivos de esta administración?. ¿Cúal es la apuesta de Felipe Calderón en materia de combate a la pobreza? El tema, ha dicho el Presidente, es su prioridad. Buena noticia. Lo malo es que no se ve acompañada por una política pública clara.
En estos temas no hay recetas infalibles, sin embargo así como se ha aprendido de los errores del sexenio pasado también es tiempo de que se tome nota de sus aciertos. Ojalá no pase mucho tiempo antes de que veamos el relanzamiento del gobierno de Felipe Calderón.
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