Son tiempos difíciles para el periodismo en México. En privado la referencia es obligada. Se habla de ello en las comidas entre reporteros, en las fiestas que terminan convertidas en terapia de grupo y en el radiopasillo que circula en todas las redacciones; sin embargo, el tema está lejos de ser un asunto público. Las causas son de diversa naturaleza aunque imagino que son tres las principales.

Primero, los periodistas no pueden ni quieren hablar. Cuestionar el manejo editorial del medio en el que se labora durante una reunión con amigos es inofensivo; hacerlo dentro del medio en el que se trabaja o a través de declaraciones en otros espacios, es la vía más corta al desempleo, situación que obliga a quienes quieran comentar el tema a hacerlo a través de generalidades, sin testimonios comprometedores.

Segundo, ese miedo a hablar es fundado por una lectura casi unánime: el mercado laboral mexicano no está listo para arropar a los “mártires del periodismo”. Salir de un medio, por ejemplo, luego de denunciar un caso de censura no es la mejor referencia de trabajo. A los medios de comunicación en México no les gusta hablar de otros medios. “Perro no come perro”, se dice, y con ello se justifica la ausencia – salvo excepciones muy notables – de espacios dedicados a comentar la vida de otras empresas informativas.

Aversión que da pie a la tercera causa: los periodistas no quieren (queremos) confrontar a potenciales empleadores. Ejercer la crítica contra el gobierno, la industria de la construcción o las refresqueras, es más fácil cuando se asume que después de escribir al respecto no irá uno a pedir trabajo a ninguno de esos actores. Realidad que obliga a ser particularmente prudentes a la hora de abordar estos temas si se aspira a seguir viviendo del periodismo. Razones que quizá expliquen porqué en nuestro país no ha trascendido la inconformidad – sobretodo presente entre reporteros – por algunos procesos que están viviendo algunos de los principales medios de comunicación, especialmente en la prensa escrita.

Pienso en particular en el camino hacia lo multimedia. Movimiento mundial del que México forma parte desde hace varios años – en principio con la combinación del diario impreso y las versiones en línea actualizadas en tiempo real – pero que se ha acelerado en los últimos años. Proceso que por si mismo no es negativo. Al contrario, la posibilidad de diversificar sus canales de difusión es una buena noticia para cualquier periodista. Más aún cuando ello implica fortalecer su presencia, prestigio y capacidad de influencia.

Sin embargo el tema no está libre de potenciales costos como señala Alexandra Kitty en su libro Don´t beleive it (How lies become news): “si bien siempre será benéfico contar con periodistas multicapacidades, los buenos reporteros sin personalidad radiofónica o televisiva, pueden ser enviados a la congeladora”. Tentación que se suma al incremento de las cargas de trabajo – lógico cuando a la elaboración de la nota de prensa se suma el reporte para radio y la elaboración de la versión para la tele – y a la carrera por ganar en la difusión de la nota por cualquiera de las vías anteriores, incluida la versión web. Inercias que según Kitty “dejan al reportero multimedia menos tiempo para profundizar, reflexionar e investigar…”

Y es en este contexto que debe dimensionarse el Premio de Periodismo 2007 América Latina y los Objetivos de Desarrollo del Milenio, anunciado el pasado 30 de septiembre para el periódico Excelsior y el equipo de reporteras coordinado por Marcela Turati. Su trabajo, “Niños Jornaleros”, obtuvo el primer lugar entre 466 trabajos evaluados por un jurado conformado por Carlos Monsiváis, el autor cubano Leonardo Padura, la presidenta de la Fundación para la Libertad de Prensa de Colombia María Teresa Ronderos, el director general de IPS Mario Lubetkin y la directora regional del PNUD para América Latina y El Caribe Rebeca Grynspan.

Este reconocimiento debe entenderse como un aval a una visión de periodismo y no como un hecho aislado. La trayectoria de Marcela Turati así lo confirma. Egresada de la Universidad Iberoamericana, Turati inició su carrera en el periódico Reforma y desde entonces ha apostado por la construcción de un periodismo social de calidad. En ese camino obtuvo una mención como candidata al PREMIO NUEVO PERIODISMO CEMEX+FNPI, en su tercera convocatoria. Ha mantenido – aunque de manera irregular – el blog periodismodeesperanza.blogspot desde el que comparte textos sobre el ejercicio periodístico, como su post sobre las preguntas claves que debería responder un reportero al elaborar una nota. Perfil que le ha llevado a publicar, por ejemplo, una larga entrevista con Ignacio Ramonet en la revista Etcétera (Noviembre 2005) y una seria reflexión sobre la ética y el periodismo en la Revista Mexicana de Comunicación, dos de las publicaciones especializadas en estos temas.

Ha realizado diversos viajes por América Latina en donde ha compartido experiencias con periodistas de la región, aprendizaje que la impulsó a crear en México un grupo de trabajo con reporteros especializados en temas sociales. El recuento no tiene como objetivo destacar el trabajo de la periodista sino llamar la atención sobre los antecedentes del premio pues como ocurre en otros campos, los resultados no son producto del azar. Por ello es pertinente revisar qué hay detrás de esta historia de éxito para descubrir qué podemos aprender para el periodismo mexicano. Aquí siete puntos para la reflexión.

El periodismo de calidad requiere tiempo. Frente a la tendencia que apuesta por menores tiempos de entrega – especialmente para la web – el trabajo de fondo requiere paciencia. Detectar y ganar la confianza de nuevas fuentes, abordar diferentes aristas, preparar a fondo la edición, etc. son todos elementos necesarios para el éxito.

Cada quien su medio. Las empresas multimedia – cada vez más, por cierto – deben apostar por los mejores periodistas para prensa, radio y televisión. Lo otro, creer que alguien puede dormirse como un buen reportero de medios electrónicos y amanecer como un periodista de medios impresos, es una aspiración motivada más por la economía de costos que por la realidad. Existen casos notables, por supuesto, pero deben ser vistos como excepciones y no como la regla a seguir.

Cada quien su fuente. Cambiar a los reporteros de fuente tiene su razón de ser – romper con ciertas inercias, promover el crecimiento de los reporteros, etc. – no obstante, debe ser entendido como una acción costosa que va en contra de la especialización. Abandonar una fuente es perder conocimientos especializados, experiencia de campo, contactos y prestigio. Apostar por la continuidad es otro de los secretos del éxito.

Invertir en la formación. La eterna crítica a los funcionarios todólogos que brincan de una dependencia a otra como si fuera expertos es también aplicable al periodismo, por eso no basta con el respeto a las fuentes asignadas; es necesario invertir en la formación en dos campos, el área técnica – mediante cursos, talleres, seminarios, diplomados y maestrías – y el contacto con los especialistas en las diversas áreas del periodismo. La oferta de capacitación ahí está, sólo falta aprovecharla.

Dedicar tiempo a la reflexión. Convertidos los medios en el principal espacio público, el periodismo adquiere cada vez más importancia. Por eso es pertinente que el hacer vaya acompañado de la reflexión. Qué se hizo bien en una cobertura, qué efectos tuvo, qué lecciones se pueden sacar, etc. Preguntas que suelen estar ausentes del ejercicio diario del periodismo.

Abrir la mira hacia lo internacional. Aprender de las experiencias de otros países al tiempo que se compite con el mundo es una fórmula de éxito probada en campos como el deporte. En el periodismo no tiene porqué ser distinto. Sólo así se obtiene, además, prestigio internacional.

Finalmente, el reportero debe ser la estrella. Pieza central de la maquinaria informativa, la jerarquización de los medios ha llevado a la mayoría de los reporteros a convertirse en los eslabones más débiles, los que reciben los sueldos más bajos, trabajan más días y son reemplazados con más facilidad; situación que poco ayuda a la construcción de un periodismo de calidad.

Siete consideraciones que habría que tomar en cuenta para que éxitos como el de Marcela Turati, Lucia Irabien y el periódico Excélsior sean cada vez más frecuentes. Por lo pronto, enhorabuena a los ganadores.

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