De bomberos y pirómanos (Sobre los acuerdos en el Congreso)

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La política mexicana se ha convertido en un juego de vencidas; una especie de carrera entre quienes quieren alcanzar acuerdos y quienes quieren reventarlos. Y en esa dinámica se ha visto atrapado el país durante las últimas semanas y en especial en los días previos al Primer Informe del Presidente Calderón.

En algunos casos la diferencia entre bomberos y pirómanos es clara. Dentro de los primeros podemos apuntar a la corriente perredista Nueva Izquierda que a través de su discurso dentro y fuera de su partido, intenta tender puentes con los otros actores políticos; en los segundos, la lista la encabeza Andrés Manuel López Obrador, secundado por Gerardo Fernàndez Noroña y el grupo de bejaranistas que le acompañan.

Pero el PRD no es el único partido en el que se encuentran los dos bandos, Ahí están, por ejemplo, las declaraciones del senador Santiago Creel que hace apenas unos días – quizá sin pensarlo muy bien- condicionó la construcción de acuerdos con priístas y perredistas al buen desarrollo del informe presidencial. Afirmación que no aportó al ambiente de negociación y que sólo dio pie al endurecimiento de las posturas.

Lo curioso en el caso del PRI es que a veces no está claro quiénes juegan del lado de los conciliadores y quiénes del lado de los duros. Es el caso de Manlio Fabio Beltrones, coordinador de los senadores priístas que cuando parecía que ya se iba alcanzar un acuerdo declaró que el Presidente Calderón no tenía que acudir necesariamente al pleno pues bastaba con que entregara su informe en un salón adjunto. Postura que provocó una dura reacción por parte de los representantes PAN. ¿Qué ganaba Beltrones? Quizá tensar más la situación y con eso revaluar su papel de medidador, rol que el PRI ha decidido jugar.

Visto el tema de cerca parece nociva la actitud de quienes apuestan por el fracaso del diálogo; no obstante, si tomamos un poco de distancia veremos que también pueden cumplir una función positiva. Si los moderados saben jugar sus cartas, los duros de sus propios partidos se convierten en potenciales piezas de intercambio y bajo el argumento de mantener aplacados a los más radicales se pueden llegar a obtener mejores concesiones. El problema surge cuando ese recurso deja de ser una estrategia y se convierte en un asunto de manejo interno. Cuando ese es el caso, las negociaciones dejan de tener sentido pues los interlocutores dejan de ser válidos desde el momento en que pierden el control sobre los sectores. Ese sin duda es la amenaza que hoy pende, en particular, sobre las filas del PRD.

Polarizados por varios temas, los perredistas cada vez muestran con más claridad sus diferencias internas. Así se pudo ver cuando hizo su aparición el fuego amigo luego de que un diputado del PRD señalara que la diputada Ruth Zavaleta tomaría posesión como Presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados hasta el 5 de septiembre, y no el primero, declaración que obligó a que recibiera el respaldo no sólo de su partido sino de las otras bancadas, que vieron como se creaban dudas en torno a un tema que ya había sido acordado por todos los actores.

Los reventadores están por todos lados y los promotores de acuerdos deberán andar con mucho cuidado. En especial con un sector que tiene el poder de desestabilizar cualquier negociación: los medios de comunicación. Actores que fieles a su estilo han apostado por destacar las posturas antagónicas en vez de poner los reflectores sobre los puntos de encuentro.

Apenas se había anunciado el aval del PRI a la reforma fiscal cuando el diario Reforma endosaba al tricolor el costo político del aumento en el precio de la gasolina. Nota que no sólo provoco deslindes de priístas y panistas sino que provocó una revisión del tema. Se podría decir y con razón que la labor de los medios es informar, no construir acuerdos; el punto central es que su tarea tampoco es estimular su ruptura. Frente a optimistas como yo, que vemos en el corto plazo la posible aprobación de una serie de reformas importantes para el país -electoral, fiscal, etc- hay quien señala y con razón que hay ver primero con lupa las letras chiquitas de su contenido antes de celebrar; sin embargo, el propio hecho de que estemos a punto de ver los motores de la política funcionar me parece un motivo de celebración. En todo caso será, al menos momentáneamente, el triunfo de los bomberos sobre los pirómanos.

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