Lecciones de Al Gore

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“Soy Al Gore y solía ser conocido como el próximo Presidente de los Estados Unidos”. Así inicia Albert Arnold Gore, ex Vicepresidente norteamericano, su conocida conferencia que sirvió de base a la película “An awful truth” (Una verdad incómoda), que le permitió entre otras cosas ganar un Oscar en el 2006, generar más de 50 millones de dólares a nivel mundial, y vender 850 mil copias del libro con el mismo nombre. Razones más que suficientes para voltear a ver a este personaje que se ha convertido en un icono de nuestro tiempo.

Objeto de burlas y parodias luego de su polémica derrota en el año 2000 – cuando fue desplazado por el actual mandatario estadounidense, George W. Bush – Gore dio inicio a una transformación espectacular. Primero, al ser contratado por dos empresas de prestigio, Google y Apple, que reclutaron al también ex senador como asesor.

Movimientos que antecedieron a su lanzamiento como empresario. Actualmente, según un reporte de la revista Fast Company (julio/agosto), la red de negocios en los que participa Gore tiene un valor superior a los 100 millones de dólares. Fortuna que se desprende de su participación en una empresa de televisión por cable que mezcla formatos tradicionales, con programas obtenidos en la oferta de la web; manejo de una empresa de fondos que apuesta por empresas con enfoque ambiental; y por supuesto, de sus ingresos como conferencista, servicios por los que cobra $175,000 dólares por presentación, equivalentes a más de un millón novecientos mil pesos, cifras éstas que confirman su éxito económico.

Sin embargo, el atractivo de Al Gore va más allá de sus ganancias pues nos remite a uno de los ejemplos más claros de lo que significa reinventarse. Si bien desde antes de que iniciara su alto perfil Gore ya era conocido como un ambientalista, lo cierto es que nadie habría sido capaz de imaginar su reconstrucción. En buena medida, porque todavía estamos acostumbrados a pensar en las personas – incluso en nosotros mismos – como seres especializados en cierto campo profesional, del cual resulta difícil salir.

Veamos, por ejemplo, nuestra política doméstica y echemos un vistazo a lo que pasó con nuestros propios “Al Gore”. Diego Fernández de Cevallos, candidato presidencial del PAN derrotado en 1994, ha logrado también un patrimonio notable fruto de su desempeño como abogado, el cual por cierto, no ha estado libre de polémica al ser alternado durante algunos años con su ejercicio como senador, cargo que desempeñó del 2000 al 2006.

Francisco Labastida, aspirante a la Presidencia que perdió en el 2000 con Vicente Fox, se retiró durante unos años de la política para volver como senador, función que desempeñará hasta el 2012; Roberto Madrazo, candidato del PRI relegado al tercer lugar en el 2006, ha mantenido un bajo perfil salvo por la presentación de un libro con su versión de la historia reciente; y Andrés Manuel López Obrador se ha mantenido como un político en activo luego del proceso electoral del año 2006, en el que contendió por la Presidencia.

Si bien son muy respetables las decisiones tomadas por estos y otros actores políticos – como el tres veces candidato presidencial, Cuauhtémoc Cárdenas – resulta difícil imaginar que uno de estos personajes pudiera renacer como un actor especialmente influyente en otros campos de la vida pública. Tal vez porque el propio sistema político mexicano ve con malos ojos el activismo de quienes estuvieron interesados en ocupar la Silla Presidencial; quizá porque la formación de algunos de nuestros políticos tampoco les permite desempeñarse en otros sectores económicos. Cualquiera que sea la explicación, es interesante ver el caso de Al Gore como un ejemplo de cómo se puede transformar un profesional de la política, en una especie de empresario-activista que de la mano de los medios de comunicación, tiene tanta capacidad de influencia como muchos políticos profesionales.

Hace unos días, la respetada politóloga Maria Amparo Casar propuso que los candidatos presidenciales puedan ser inscritos simultáneamente como futuros legisladores, para garantizar un espacio institucional desde el que los perdedores puedan incidir en el debate nacional; el testimonio de Al Gore – con todo lo atípico que se quiera – muestra que existen otras vías… y que también hay vida fuera del presupuesto.
macampos@hotmail.com

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