La izquierda lopezobradorista tiene a un nuevo héroe. Su nombre, Zhenli Ye Gon, personaje que saltó a la fama un día del mes de marzo cuando se le decomisaron más de 207 millones de dólares en efectivo que guardaba en una casa de Las Lomas, y que ahora, ha reaparecido desde un visible cómodo exilio en Nueva York para afirmar que el dinero era un guardadito del Partido Acción Nacional para ser usado durante la campaña electoral del año pasado.

“Cooperas o cuello” habría sido la amenaza recibida por la ahora víctima, por parte de un personaje que identifica como Javier Alarcón, y que la prensa nacional ya ha señalado como Javier Lozano Alarcón, actual Secretario del Trabajo y Previsión Social. La historia, siendo objetivos, no tiene pies ni cabeza. El empresario, según su propia versión, habría sido presionado para guardar costales de dinero que le llevaban a su propiedad. La explicación de esta conducta, al menos al momento de escribir estas líneas, no ha sido proporcionada. Y ante su ausencia resulta complejo entender porqué fue seleccionado como banco privado.

En segundo lugar tampoco tiene sentido el supuesto uso del dinero. Si fuera cierta la versión de Ye Gon, esa fortuna – que decomisó el propio gobierno de Felipe Calderón en un operativo público – habría sido acumulada para la campaña del ahora Presidente. Lo que no se explica es porqué entonces no se usó.

Vista así, la historia parece ser una versión pirata del caso de Carlos Ahumada. Sólo que en ese relato, el empresario entregaba dinero a un partido – antes de las campañas – para financiar a futuros funcionarios que le pagarían con la contratación de obra pública, o que según la versión del empresario, les entregaba como fruto de la extorsión de la quera objeto a cambio de facilitar el pago de sus servicios prestados.

En cualquiera de las dos versiones hay lugar para cierta credibilidad. No así en el nuevo escándalo nacional. En condiciones normales, se puede entender que un actor o grupo político corrupto le quite dinero a un empresario, pero ninguna historia de gansters empieza diciendo que los malos obligaron a alguien a que les guardara más de dos mil millones de pesos.
No obstante estas dudas fundadas, la historia ha ganado espacio. Primero, empezó en las páginas del Wall Street Journal, según dio a conocer el blog pro AMLO, elsenderodelpeje.blogspot, desde donde la entrevista brincó a páginas interiores hasta llegar a las primeras planas de la prensa nacional.

Fenómeno especialmente oportuno para diversos actores. Para el priísmo y ciertos grupo de poder económico, que en esta denuncia tienen material para presionar a un gobierno en el momento en el que se negocia una reforma fiscal, que según han dejado ver, les resulta incómoda; pero también es oro molido para el movimiento de Andrés Manuel López Obrador, que pasa por una etapa de contrastes. Al tiempo que vuelve a llenar el zócalo y se reúne con los suyos en la presentación de su libro, sus propios compañeros de partido se alejan cada vez más de su influencia por la vía de los hechos.

Los gobernadores perredistas se reúnen, pese a su opinión, con el Presidente Calderón; diputados y senadores de su partido admiten públicamente que negociarán con el PAN y el PRI la reforma fiscal, y su Frente Amplio Progresista, producto indirecto de su candidatura, se fractura en entidades como Zacatecas, en donde las divisiones internas del PRD lo llevan a jugar sus cartas por partidos como el PT, según quedó documentado en la visible derrota de ese partido apenas el domingo pasado.

Es en este escenario, y al cumplirse el primer aniversario de la elección del 2 de julio, que se difunde la entrevista a Zhenli Ye Gon, realizada en mayo, según explica la agencia AP, pero revelada en esta fecha, lo que le sirve como una estupenda caja de resonancia que difícilmente se puede creer, no fue contemplada por quienes decidieron darla a conocer en estos días.

El testimonio de este empresario, es cierto, debe ser investigado y no debe llegarse a conclusiones automáticas, menos por parte de las autoridades; sin embargo, lo menos que debemos hacer es aplicar una dosis de sentido común a lo que se está diciendo, antes de que caer en un juego que parece pensado para distraer y cambiar de lugar los reflectores, y que vista la cobertura mediática ha logrados sus primeros resultados.
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