La otra guerra (de la propaganda entorno al narco)

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“Qué triste confiarle mi vida a los militares”. La frase, de forma inusual, ocupó las portadas de dos de los semanarios políticos más importantes del país, Proceso y Milenio, en sus ediciones del domingo 10 de junio. La fuente es la misma, un letrero sostenido por dos niños en el estado de Sinaloa, sede de un lamentable episodio en el que un grupo de militares – ya consignados y sujetos a proceso – disparó contra una familia causando la muerte de varias personas.
Dada la trayectoria de ambos medios, me resulta impensable poner en duda la selección de la imagen, más allá de los evidentes méritos periodísticos que tiene el caso; sin embargo, no me atrevo a decir lo mismo sobre el mensaje colocado sobre el cartel, en un momento en el que desde diversos frentes se ha colocado sobre la mesa de debates la pertinencia de la participación del Ejército mexicano en el combate al narcotráfico.
La frase citada contiene a todas luces un altísimo componente emocional. Es clara, breve y está muy bien construida, pues no sólo muestra una precisa selección de palabras sino que se acompaña de la carga simbólica de los dos niños que sostienen la cartulina en la que aparece escrita a mano la citada frase. El hecho, por supuesto, puede ser producto simple y sencillamente de la acción indignada de una comunidad. No obstante, en los tiempos que corren resulta pertinente desarrollar cierta mirada crítica hacia todos los actores que intervienen en el debate público relacionado con el combate al narcotráfico.
La advertencia no esta de más pues no hay que perder de vista que nos encontramos ante un escenario de guerra; así lo ha dicho el gobierno a través de diversas declaraciones, y así lo ha confirmado de manera inequívoca el narco a través de sus ejecuciones. Combate que incluye, por supuesto, un fuerte componente en material de propaganda.
Del lado del Gobierno Federal, se escucha su voz a través de una serie de comerciales, entre ellos uno -también de corte emocional – en el que una niña entrega su muñeco de peluche a un hombre que parece ser un soldado, en agradecimiento a la labor que realiza (“porque nos cuida”). Mensajes que como ya he señalado en otro momento, se enfrentan a la otra campaña, la de la delincuencia organizada que lo mismo recurre a dejar carteles sobre los cuerpos de sus victimas para que sean difundidos por los medios de comunicación, que al empleo de videos o mantas colocadas en lugares públicos, como ocurrió hace poco en la Ciudad de México.
Recursos que, por lo demás, no sólo están dirigidos a los adversarios directos sino que tiene como blanco claro a la opinión publica, ese objeto de disputa que también participa en esta modalidad de guerra que vive nuestro país.
En este recuento, claro, debemos reconocer la abismal diferencia que existe en la legitimidad de ambos actores pues mientras el gobierno tiene todo el derecho a fijar su posición, el crimen organizado carece de esa autoridad al actuar contra la ley y la sociedad en su conjunto. No obstante, esta diferencia no impide que los ciudadanos debamos aprender a lidiar con ambos emisores con todo y sus estrategias de comunicación.
En otro momento, ya he advertido sobre la necesidad de un debate mediático para avanzar en este tema, por ahora, la invitación queda hecha para revisar el papel de la ciudadanía, como consumidores de medios.
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