México se puso en marcha. El destino, como suele ocurrir en estos casos, es aún incierto. Para algunos es prometedor y hay lugar para el optimismo. Otros, creen que la ruta es equivocada, y por supuesto, no faltan aquellos que preferirían dejar las cosas tal y como están. Lo cierto es que luego de años de una aparente parálisis hemos entrado en una etapa en la que las cosas se han puesto en movimiento.

Hace apenas unos meses se dio la primera gran señal cuando en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF), se aprobó la ley de sociedad en convivencia. El tema, por supuesto, no estuvo libre de controversia, sin embargo fue aprobado por una cómoda mayoría. El resultado de ese debate puede ser fundamental para quienes se protejan con la nueva ley, ofensivo para quienes la ven como un golpe a ciertos valores, o incluso irrelevante. Pero la realidad es que se ampliaron los derechos para personas que viven con otros parámetros distintos a los tradicionales, ya sea que se trate de personas con preferencias homosexuales o no. En otras palabras, se reconoció por la vía de las leyes que existen otras realidades que se deben reglamentar.

Este movimiento antecedió a otras dos grandes sacudidas: el debate sobre el aborto – que primero surgió en el ámbito de la capital y esta semana llegó al Congreso de la Unión para convertirse en un tema nacional- y por supuesto, la aprobación de la reforma a la ley del ISSTE, la primera gran reforma aprobada en los últimos dos sexenios. No es el propósito de este espacio discutir las bondades o defectos de las iniciativas, sino llamar la atención sobre los cambios. Por primera vez en mucho tiempo, el debate político en México tiene contenido.Hemos dejado atrás, para ser más precisos debiera decir a un lado pues también está presente el debate que se nutre únicamente de las descalificaciones personales, saturado de expresiones huecas e inútiles para el país, para entrar al mundo de la política real, la que transforma las instituciones y en el mejor de los casos hasta la cultura de los habitantes de una comunidad.

Simpaticemos o no con las causas que están sobre la mesa, el efecto de las últimas discusiones públicas es que aquellas personas que vivan en el marco de una sociedad de convivencia y se vean discriminadas, cuentan con un marco legal y de opinión pública para alzar la voz.

Actualmente, los grupos que están a favor o en contra de penalizar el aborto – pues ése es en realidad el debate, no si se está a favor o en contra del aborto en sí mismo -, tienen mucho espacio en los medios y en las calles para expresar su opinión. Y nadie puede quejarse por estar siendo censurado.

Por el contrario, vivimos días en el que la pluralidad es evidente y cada grupo cuenta con recursos políticos para hacerse escuchar. Realidad que se extiende al campo de los acuerdos políticos.
Nos guste o no, en los días que corren hay intensas negociaciones entre nuestra clase política, lo que permite que mientras unos ganen en una cancha, estén dispuestos a ceder en otras. Así, vemos a un PRD que al tiempo que es rebasado por sus competidores en el Congreso de la Unión, arrasa en la Asamblea Legislativa haciendo uso de su poder ganado en las urnas; situación opuesta al panismo que sufre como minoría en la tribuna de la capital, mientras goza de ser la primera bancada en San Lázaro; escenario que permite que el PRI apoye al Sol Azteca en la capital, y al panismo en el Congreso de la Unión.

Más allá de nuestras afinidades partidistas me parece que en el debate de estos días todos tenemos razones para celebrar. Aunque, claro, algunos estén tan enfocados en ver los pleitos por el destino, que no se han dado cuenta que la nota, es que por fin estamos en movimiento.

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