(Artículo publicado en Excélsior el 7 de octubre)
“Son chingaderas”, palabras más palabras menos, fue la expresión que utilizó el diputado panista y presidente de la Cámara, Jorge Zermeño, cuando algunos de los coordinadores parlamentarios le avisaron que abandonarían la comparecencia de Ana Teresa Aranda, Secretaria de Desarrollo Social. La expresión por si sola no es para escandalizarse pues no sería extraño que algunos de lo que se dieron por ofendidos, en sus conversaciones cotidianas recurran a palabras similares. El problema está en que el dicho del diputado forma parte de otras frases desafortunadas, que esta semana mostraron el perfil de nuestra clase política.

Apenas el martes pasado el senador perredista Leonel Godoy declaraba a los reporteros, que “al PAN le gusta bajarse los pantalones con el PRI”. Peculiar fórmula que encontró el también ex dirigente nacional del PRD para criticar el reparto de las comisiones en la Cámara alta, más extraño aun cuando vemos que su propia bancada votó a favor de esa distribución. Y finalmente – pues el desfile podría continuar – vale la pena citar al coordinador de los legisladores priístas, Emilio Gamboa, quien según algunas crónicas periodísticas recibió a Ana Teresa Aranda con un “Dice Samuel Aguilar que no quiere venir a saludarte para que no le pegues los piojos”. Recado que como recurso para romper el hielo con la Secretaria, resulta de dudosa efectividad.

Las tres estampas recién citadas nos dan una idea del porqué del distanciamiento de la ciudadanía en torno a la política. El problema pasa, sin duda, por el tema de las formas. Más allá del uso de malas palabras lo que se hace evidente es el bajo nivel de interlocución que mantienen entre ellos los actores políticos, fenómeno que se agudiza cuando miramos al contenido de sus discusiones, defecto del que también somos partícipes los que laboramos en los medios.

Sin ir más lejos, esta semana vimos cómo algunos diarios dedicaron sus ocho columnas a cuestionar la expresión del Secretario de Gobernación, Carlos Abascal, que en un intento de ironía señaló que no sería por dios, que habrá represión en Oaxaca. Especular sobre la intención del Secretario carece de utilidad, sin embargo está claro que en cualquier de sus posibles sentidos, está lejos de ser un asunto que cambie el rumbo del país.

Ante este panorama se antoja abrir puertas y ventanas para refrescar el ambiente y con ello renovar la agenda pública nacional. Es cierto que la política clásica que gira en torno a los actores y temas ya conocidos, sigue siendo indispensable. Ahí está, por ejemplo, el conflicto de Oaxaca como muestra de que aún no hemos acabado con los temas del pasado. Tratar de entender lo que ocurre en esa entidad sin remitirnos a la corrupción, y al más anacrónico clientelismo político que termina generando estos Frankenstein, sería un error.

No obstante deberíamos de ser capaces de abrir varios frentes de manera simultánea, de tal forma que al mismo tiempo que revisemos qué hacemos con asuntos como la ausencia de democracia en los sindicatos – por mencionar sólo un asunto pendiente- tengamos la habilidad para recibir nuevos temas.

Imaginemos por un momento que la próxima marcha en la Ciudad de México tuviera como causa, el derecho de los mexicanos a realizarse un examen genético que les permita conocer cuáles son las enfermedades para las que tienen predisposición. El asunto me sigue sonando a ciencia ficción pero es ya una realidad. Como señala el programa de audio de esta semana de la revista Newsweek, cada vez son más las mujeres que en los Estados Unidos se realizan una prueba para detectar su proclividad al cáncer de mama, lo que ha dado pie en casos extremos a la realización de operaciones preventivas, es decir, antes de que manifieste la enfermedad.

Quizá el tema nos suene muy alejado de nuestra realidad pero pensemos las implicaciones que tendrá este hecho en el futuro inmediato. Entre otros, ya hay un incipiente debate con las aseguradoras que gozosas pagarían por conocer los riesgos a la salud que tendría un potencial cliente, lo que les permitiría apostar con más elementos a la hora de calcular sus primas.

Y eso es sólo el inicio de una discusión que puede llevarnos a evaluar la pertinencia de políticas públicas que hagan accesible este tipo de recursos a la mayor cantidad de población posible, para evitar que crezca la brecha en materia de salud entre quienes cuentan con más y menos recursos económicos, ya sea que se trate de países o de los habitantes dentro de una misma nación.

¿Llegará el día en que veamos a nuestros líderes sociales y políticos pelear por este tipo de banderas? Visto su actual desempeño no hay muchas razones para el optimismo, así que por ahora no nos queda a los ciudadanos más que empezar a abrir nuestros horizontes para identificar los temas que deberían formar parte de una nueva agenda política. Que empiece la búsqueda. Abramos puertas y ventanas.

macampos@enteratehoy.com.mx
www.enteratehoy.com.mx

Anuncios