Buenas noticias (o del futuro de la resistencia de AMLO)

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(Artículo publicado en Excélsior el 9 de septiembre)
Oportuno, es lo menos que se puede decir del texto de Michelangelo Bovero publicado hace unos días en las páginas de Excélsior, en el que nos presenta su visión de las recientes disputas electorales que en diversas partes del mundo – Estados Unidos, Italia, Alemania y por supuesto México – han terminado con resultados especialmente cerrados. La reflexión del politólogo italiano viene a cuento para poner nuestro conflicto local en perspectiva y entender que nuestros males no son únicos, ni tampoco sus posibles soluciones.

En su texto, Bovero nos recuerda cómo el respeto a las instituciones ha sido, al final de cuentas, el factor que ha permitido la salida de las crisis en los casos mencionados. Recurso indispensable frente a la antipolítica que pretende desconocer y refundar aquellos espacios que le son desfavorables, bajo el amparo de un guía moral que se coloca por encima de todo y de todos, en su carácter de auténtico representante del pueblo.

El retrato nos resulta demasiado familiar, y por eso debemos preguntarnos si nuestras instituciones son suficientemente sólidas para soportar esta etapa. La respuesta, visto el desarrollo de los últimos días, se inclina hacia el sí, pues luego del frustrado mensaje del Presidente Fox durante su sexto informe de gobierno, las etapas postelectorales se han cumplido al pie de la letra: la resolución del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, la entrega a Felipe Calderón de la constancia de mayoría, y la emisión del bando solemne por parte de la Cámara de Diputados.

Señales que han estado acompañas por la correspondiente cargada, que en este contexto adquiere un sentido renovado. Felicitaciones desde el extranjero, encuentros con alcaldes de diversos partidos y reuniones con actores reales de poder como el Gobernador del Banco de México, son algunos de los elementos que nos acercan a la deseada normalidad.

Sin embargo, lo más notable de estos últimos días es la actuación de actores que se encontraban en el otro bando en disputa, ámbito en el que también hay elementos para nutrir nuestro optimismo.

La permanencia en sus lugares, por ejemplo, de la bancada de Convergencia – primero en el informe y luego en la aprobación del bando solemne – son expresiones físicas de lo que ya había adelantado hace algunas semanas el senador Dante Delgado: para ese partido político la contienda ya acabó, la Coalición por el Bien de Todos ha llegado a su fin, y en el marco de la ley reconocen a Felipe Calderón como Presidente electo. Si bien el deslinde de Convergencia ha sido arropado con discursos que pretenden blindarla contra el grito de ¡traición!, lo notorio es que ese instituto ha empezado a trazar su propio camino.

Convergencia como la vanguardia que parece trazar la ruta al Partido del Trabajo, instituto que discretamente mandó un guiño que no hay que ignorar, al asistir al encuentro de los dirigentes de partidos con el Secretario de Gobernación; acción que adquiere sentido por la ausencia del Partido de la Revolución Democrática. El PT, me atrevo asegurarlo, tarde o temprano reconocerá la necesidad de distinguirse del PRD para no volverse un anexo del Sol Azteca, pues en la medida en que sea absorbido pierde su razón de ser y con ello su valor, como opción en la boleta e incluso como aliado electoral.

El ruido derivado del conflicto – que irrumpe hasta en el programa Otro rollo – causa temor, más aun cuando los medios suelen privilegiar los enfrentamientos sobre los consensos. A pesar de ello, los indicios positivos no pueden ser negados, incluso en el campo del propio PRD.

En la víspera del 1 de septiembre, los diputados del Sol Azteca se decían robados por las bancadas panistas y priístas, que en su opinión estarían torciendo la ley para sacar adelante el acuerdo que dejó en manos del PAN el control de la instalación del Congreso. Apenas unos días después, los votos perredistas se sumaron a los de sus adversarios para aprobar la reforma a la ley orgánica del Congreso, misma que unos días condenaban. La explicación del cambio de opinión es muy simple: negociaron posiciones, entre ellas en el Senado, lo que permitirá a esa fuerza – y al resto de los partidos – tener más peso en las decisiones de ambas cámaras.

El acuerdo salió adelante con los votos de 450 legisladores, y aunque estuvo muy lejos de recibir la cobertura de la toma de la tribuna, constituye un mensaje muy positivo pues muestra a una bancada perredista capaz de ceder para ganar, principio de toda negociación. Y así podríamos seguir, enlistando aquellos actos, grandes o pequeños, que nos recuerdan que las instituciones siguen funcionando y que la política está haciendo su labor pues al final hay suficientes incentivos dentro del sistema político como para mantenerse dentro de sus reglas.

La mala noticia, es cierto, es que la antipolítica descrita por Bovero seguirá seduciendo a muchos; la buena es que a pesar de nuestras deficiencias, todo indica que esta prueba, la habremos de superar.

macampos@enteratehoy.com.mx / www.enteratehoy.com.mx

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