Lo bueno de lo malo

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Artículo publicado en Excélsior el 2 de septiembre
Caos, conflicto y polarización, son algunos de los términos que adornan con lamentable frecuencias las páginas de la prensa nacional. Expresiones que apenas parecen las adecuadas para describir la escena política nacional. No obstante, en medio de este panorama hay cosas buenas; encontrarlas para este artículo no es un acto de negación de la realidad, sino una necesidad, en la búsqueda de la distancia que nos permita distinguir la paja del trigo.

¿Qué ha salido de bueno de este proceso electoral? En primer lugar, una notable politización que quizá ahora nos resulta incómoda pero que en el largo plazo arrojará frutos. La política de nuestros días no es cosa de unos cuantos. Acostumbrados a verla como tema marginal, ahora es parte de nuestras conversaciones familiares. Quizá para refrendar nuestras diferencias, es cierto, pero no despreciemos este acercamiento a la llamada cosa pública. Informarse, tomar postura y debatir es sano, aunque el aprendizaje a veces nos espante.

Lo paradójico es que al mismo tiempo que ha crecido la política también hemos descubierto algunos de sus límites. Dos meses después de la elección, los mexicanos no contamos todavía con Presidente electo; el conflicto postelectoral es evidente y a pesar de ello, la economía mexicana sigue creciendo. A nadie gusta el conflicto y eso incluye a los hombres y mujeres del capital. Aún así, el tipo de cambio se mantiene firme, las reservas internacionales siguen creciendo y ninguna calificadora ha puesto un tache junto al nombre de México. La política importa y mucho, pero hoy sabemos que nuestra economía es más sólida de lo que muchos creíamos. Esa también es una buena noticia.

Hay más. En medio de la polarización también surgen las ganancias. Para muchos que no votaron por Felipe Calderón e incluso para algunos que sí lo hicieron, es de preocuparse su potencial acercamiento con los grupos más conservadores de la sociedad. Ésta sí es la derecha, dicen, y no el foxismo que al principio fue etiquetado como tal. Especulaciones aparte, la realidad es que Calderón llegará como un presidente débil. No sólo por el desgaste que ha implicado la elección, sino por la presencia panista en el Congreso, que si bien es histórica, no le es suficiente para sacar ningún acuerdo.

Calderón deberá negociar y ello implica, necesariamente, ceder. Por eso tendría que ser un Presidente moderado. Lo veremos a partir del 1 de diciembre, pero lo que hemos visto hasta ahora muestra a un PAN con la capacidad de pactar con el PRI, Nueva Alianza y el Partido Verde para sacar algunos acuerdos.

No es cosa menor ese gesto luego de lo que vivimos en los últimos años. Es temprano para ser optimista –menos con el clima dominante – pero ya hay señales de que los actores políticos han aprendido de sus errores. El PRI, por ejemplo, sabe que si quiere crecer necesita usar su fuerza para gobernar y no sólo para bloquear. Su presencia en el congreso es la menor en su historia y a pesar de ello puede pesar más que el PRD que le gana en curules. Cosas de la política, hoy los priistas pueden seguir el camino que trazó el PAN desde finales de los ochentas, para ser el fiel de la balanza que les permita sacar su agenda y así regresar eventualmente al poder.

El recurso está al alcance de los grandes como el PRI y el PRD, pero también de los pequeños como el Verde o Nueva Alianza, que desde el primer día mostraron que saben lo que valen sus votos en la construcción de mayorías. Para algunos esta conducta es propia de mercenarios, para otros es la lógica de cualquier congreso o parlamento y puede ser la vía para que Convergencia, el PT o Alternativa puedan obtener victorias y lograr resultados que puedan entregar a sus electores. Visto así, no podría ser más favorable el escenario para los partidos pequeños que tienen ante sí la posibilidad de demostrar que tiene sentido votar por ellos.

Finalmente, la polarización ha tenido otra ganancia secundaria: en la obligada toma de postura, han salido a la plaza diversos actores en defensa de las instituciones. Dudo, por ejemplo, que José Woldenberg haya votado por Felipe Calderón. Apostaría incluso a que no fue así. Sin embargo ha tenido el valor para argumentar a favor del Tribunal Electoral y del Instituto Federal Electoral, patrimonio de los mexicanos que ha salido raspado, pero que muchos otros también hemos valorado ante esta crisis.

No se trata de echar las campanas al vuelo. El escenario pinta complicado para todos, pero eso obligará al gobierno entrante a ser sensible y eficiente. No necesariamente con sus adversarios, sí con sus simpatizantes. Lo social deberá estar en el centro de la agenda gubernamental y esa habrá sido la principal aportación de López Obrador en esta historia. El reto es que se logren avances sin caer en el espectáculo de las simulaciones. Calderón deberá dar resultados pronto, y eso está bien, siempre y cuando no se carezca de sustancia.

Hablar de lo bueno de lo malo en este ambiente no es cosa fácil. Algo me dice, sin embargo, que en medio de mi esperanza no estoy tan solo. Ustedes, como siempre, tienen la última palabra.

macampos@enteratehoy.com.mx / www.enteratehoy.com.mx

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