Factor tiempo (o de la rivalidad de AMLO con el reloj)

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(Artículo publicado en Excélsior el 16 de julio)
Es una de las variables más importantes en la política. Nadie puede controlarla pero aquellos que saben lidiar con ella suelen cosechar éxitos. Lo puede decir Francisco Labastida. Hace seis años era la imagen de la debacle priista y ahora, puede presumir de ser senador electo por el voto de los sinaloenses. Otro que lo sabe bien es Cuauhtémoc Cárdenas, quien a lo largo de su carrera ha sido mártir, héroe, muerto político, villano de algunos e indiscutible candidato a figura de aquí y hasta el 2010. Como se podrán imaginar, la variable a la que me refiero no es otra sino el tiempo.

Siempre importante, en estos momentos se hace más claro su peso. Lo siente, por ejemplo, Andrés Manuel López Obrador. Conocedor como pocos del espectáculo político, el ahora ex candidato sabe que el tiempo juega en su contra y que bien podría sumarlo a su creciente lista de adversarios. Crear y mantener una campaña de resistencia durante dos o tres semanas es una cosa; mantenerla viva durante un par de meses hasta que el Tribunal Electoral anuncie su fallo, es otra muy diferente.

Experto en dar la nota y marcar los contenidos de los medios, López Obrador se ha apoderado nuevamente del control de la agenda informativa. No obstante empieza a experimentar lo que los economistas llaman rendimientos marginales decrecientes. El primer día que Andrés Manuel convocó a los reporteros para mostrar sus videos, se coló hasta los titulares del día siguiente; conforme avanzó la semana, sus misiles fueron perdiendo terreno en las primeras planas y ya en la prensa del viernes, las denuncias del tabasqueño terminaron ocupando un espacio en las páginas interiores.

La tragedia de AMLO es que se encuentra atrapado entre tres tiempos, y quien conoce de estas artes sabe bien que aunque usemos el mismo aparato para medirlo, son distintos los relojes que miden al tiempo jurídico, mediático y político. El primero suele avanzar con mucha lentitud. Es mata pasiones, enemigo del rating, y por eso, quizá debamos esperar hasta agosto para saber el veredicto de los magistrados.

El segundo de ellos, el tiempo mediático, es lo opuesto. Corre a gran velocidad y es particularmente cruel pues la nota de hoy difícilmente seguirá siendo atractiva la próxima semana. No me queda duda, AMLO quisiera seguir hablando del presunto fraude de aquí a que el Tribunal coloque el punto final a esta historia; si por él fuera, cada día dedicaría varias horas a presentar sus video-pruebas; el problema para su causa es que no habrá diario, noticiero ni audiencia que lo resista.

El tiempo mediático se alimenta de la renovación constante y difícilmente el movimiento de Andrés Manuel tendrá capacidad para alimentarlo. Más aún, cuando el reloj político también parece estar en su contra.

La política implica movimiento, y AMLO, en la lógica de la impugnación demanda congelar las cosas hasta que se produzca el desenlace. A pesar de sus deseos, el país poco a poco se recupera del impasse que implicó el 2 de julio. Primero, fueron los gobiernos extranjeros quienes a través de sus felicitaciones mostraron que había que volver a la normalidad; los perredistas lograron con cierto éxito contenerlos, sin embargo, ya se empieza hablar de los próximos coordinadores parlamentarios y no faltará mucho para que crezcan las especulaciones sobre el siguiente gobierno.

Le guste o no a López Obrador, la rueda del poder no se puede detener por mucho tiempo y sería absurdo, por ejemplo, que los gobernadores de todos los partidos no empiecen a acercarse al que muy probablemente repartirá el pastel del presupuesto durante los próximos seis años. Por eso, la protesta de AMLO muestra desde ya signos de desgaste. Inevitablemente, pues así es la política, han empezado a surgir los reproches internos y poco a poco surgen los nombres de los nuevos liderazgos; la espera junto a López Obrador se volverá cada día más incómoda y ya hay quienes discretamente buscan las salidas.

Seamos claros: en este escenario, el tiempo no juega del lado de Andrés Manuel. ¿Y cómo afecta a Felipe Calderón? En una primera mirada, pareciera que también es víctima del reloj jurídico. La espera le impide ser noticia – a riesgo de ser criticado por acelerado – y el reloj mediático avanza sin tomarlo en cuenta. Tal vez para su sorpresa, resulta que el IFE lo reconoció como el candidato que obtuvo el mayor número de votos, pero no todas las cámaras y micrófonos están a su puerta.

Sin embargo, si Calderón sabe leer la coyuntura podrá sacarle provecho. Estar lejos de los reflectores no siempre es una maldición si eso permite hacer un trabajo político sin tanta presión. Si el silencio público está acompañado por un intenso diálogo privado, quizá la espera no sea tan mala. Al final, el reloj político juega a su favor pues el poder – incluso su mera expectativa – suele ser un incentivo para dialogar y poco a poco los actores irán recuperando su inercia. Visto así, todo indica que cuando llegue a su plazo el tiempo jurídico, la política y los medios ya habrán dado su contundente veredicto.

macampos@enteratehoy.com.mx www.enteratehoy.com.mx

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