Cuidado con Hugo Chávez

En política, como en el futbol, generalmente gana quien define las condiciones del juego, y en este caso el que lleva mano es el presidente venezolano, Hugo Chávez. Apenas hace dos días, las cancillerías de México y Venezuela estaban cerca de regresar las relaciones entre ambas naciones a su nivel normal, cuando de pronto el mandatario sudamericano reanudó las hostilidades.

Está claro – por las declaraciones de Vicente Fox y su Canciller – que al gobierno de México no le interesa el pleito. No podemos decir lo mismo del Presidente Chávez. La pregunta que debemos hacernos entonces es por qué, o mejor dicho, para qué quiere Venezuela este conflicto. ¿Qué beneficios podría obtener?

Hasta el momento tenemos algunas hipótesis. Según la columna Bajo reserva de El Universal, el golpeteo podría obedecer a un acuerdo con el gobierno de Brasil para distanciar a México de la zona y romper así su posible incorporación comercial con el MERCOSUR.

De acuerdo al analista de La Crónica, José Carreño, la acción podría entenderse como un intento de Chávez por incidir en la política mexicana, apostando por extender su área de influencia en el marco de nuestro proceso electoral. No hay que perder de vista el proyecto regional de aquél país, que lo ha llevado a incidir abierta o veladamente, en la política de Cuba, Colombia y Bolivia, por mencionar tres de los casos más conocidos.

En tercer lugar, habría que mirar a la política interna de aquél país, pues es por todos conocida la utilidad que puede tener un enemigo externo para desviar la atención de los asuntos domésticos. Incluso, en el mejor de los casos, el conflicto puede detonar una cohesión interna gracias al rechazo natural que provoca un actor extranjero. (No es el caso de México, evidentemente)

¿A cuál de estas razones responde el actual escenario? No parece fácil descubrirlo por el momento, pero está claro que algo ha aprendido Chávez de su estrecha relación con Fidel Castro, así que podemos estar seguros de que el venezolano no escaló el conflicto – cuando ya iba a menos – sin tener claro sus objetivos y los posibles desenlaces.

¿Qué espera Hugo Chávez de esta crisis? Quizá, que se rompan las relaciones entre ambas naciones y con ello pueda fortalecer su discurso maniqueo entre el Norte (Pro EU) y el Sur (Soberano). O tal vez, lo que estemos viendo es la respuesta a la iniciativa mexicana para construir una refinaría en Centroamérica y con ello fortalecer nuestra influencia en la región.

Lo cierto es que estamos en presencia de un movimiento geoestratégico, y reducir el conflicto – como algunos han hecho – a los dichos y capacidades de Vicente Fox y Luis Ernesto Derbez, es arriesgarnos a no entender de qué trata el encuentro al que nos están obligando a jugar.
A menos de que el gobierno de México le rompa la dinámica a la escalada, parece que nos estamos acercando a un escenario diseñado por Chávez, y conociendo al venezolano y sus aliados dentro y fuera del país, se me hace que el final no nos va a gustar.