La vaca y el oso

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El lunes pasado, El Universal publicó en su página dos que el diputado priista, Gonzalo Alemán Migliolo, pidió a la Profeco que decomisara las sopas instantáneas de carne de res Maruchan, por ser un gran riesgo para la salud, “toda vez que en su fabricación el producto empleado pudo haberse infectado con el llamado mal de las vacas locas.”
Para tranquilidad de sus consumidores – y vergüenza de quienes respaldaron la denuncia – la
Secretaría de Salud informó ese mismo día que dicho alimento “solamente contiene un sabor artificial de carne de res, lo que la exime completamente de contener el “prión” de la Encefalopatía Espongiforme Bovina (EEB) mejor conocida como el “mal de las vacas locas”.
Bastaba con que alguien se tomara la molestia de leer la etiqueta que dice: “No contiene productos de res” para sepultar la historia. El caso sería de risa de no ser por el potencial daño a la imagen de la empresa. ¿Y la nota aclaratoria? Inexistente, como la seriedad de algunos.
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