11-M

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Hoy se cumple un año. Tengo la sensación que todo pasó hace mucho tiempo, pero apenas es un año. Estaba de vacaciones en Madrid cuando me tocaron los atentados terroristas que mataron a más de 180 personas.
A la distancia, recuerdo menos detalles, pero todavía tengo vivas muchas sensaciones. La primera, el silencio que casi se sentía en las calles a pocas horas de las explosiones. Es algo que nunca había experimentado. Era como si hubieran desparecido las voces y sólo se escucharan sonidos que usalmente no sobresalen: el sonido de las llantas sobre el adoquin, las sirenas, las televisiones que estaban prendidas en algunos locales y que se alcanzaban escuchar en las aceras. Nada más. La gente caminaba sin hablar. Muy raro en una ciudad tan ruidosa como Madrid.

Recuerdo también las largas filas de personas que salieron a donar sangre. Tanta, que incluso suspendieron los llamados de ayuda. Me impresionó lo pronto que la gente salíó a recuperar las calles. Supongo que no fui el único que pensó que podían haber otros atentados, pero ahí estaban todos.

La puerta del Sol fue el lugar de reunión para los donantes, pero también para la primera concentración. Jóvenes altermundistas y personas mayores estaban reunidos. Juntas por la indignación, aunque sin claridad sobre los responsables.

En ese momento me llamó la atención lo plural del grupo. En realidad era nada, comparado con lo que fue la marcha del día siguiente. Aunque siendo precisos, no fue tal. No había forma de moverse. Luego supimos porqué: cuatro millones de personas estaba ahí reunidas. Fue impresionante. No sólo por el silencio, sino por la convicción de los asistentes que hasta con carreolas acudieron a la protesta. Se cayó el cielo y hacía un viento terrible. Ni así se movieron.
Durante varias horas estuvieron así. Sólo se movían por momentos cuando coreaban algunas consignas: “No somos todos, faltan 200”.
Lo que pasó después ya es más frío: las movilizaciones vía celulares, las protestas en la televisión y la elección de Rodríguez Zapatero.
De esos días, lo que más recuerdo son las veladoras colocadas en Sol, la gente rezando, los llantos y los dibujos, pensamientos y frases de solidaridad, entre ellas una que decía “México con Madrid”.
De todo, me quedo con la admiración por un pueblo y gobierno que estuvieron a la altura del reto: los servicios públicos, los voluntarios, la participación de la gente. Todos cumplieron con los suyo, más allá de las aristas políticas que luego conocimos.
En fin, hoy hace un año, y parece que fue hace mucho más tiempo.

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